Acumular adversarios políticos es una práctica de doble filo

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Acumular adversarios políticos es una práctica de doble filo

Por un lado permite a un Gobierno imponer su agenda, por el otro, puede perder el horizonte de lo importante.  También puede ser una excusa ante lo no resuelto

El presidente Guillemo Lasso, en una reunión virtual reciente.
El presidente Guillemo Lasso, en una reunión virtual reciente.Cortesía.

Del triunvirato de la conspiración; a Leonidas Iza el desestabilizador; a la justicia como causante, en parte, de la ola de inseguridad en Guayaquil y parte del país. El Gobierno Nacional, en ocho meses de gestión, registra una extensa lista de enemigos políticos que han subido y bajado tan rápido como la espuma en un vaso de cerveza.

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¿Una realidad o una necesidad? Un poco de ambas. A decir de expertos en comunicación política, los gobiernos tienden ya sea a crear o enfocarse en un enemigo u opositor político con o sin rostro para mantener su popularidad, como excusa ante un problema no resuelto o para incluir un tema en la opinión pública. La administración de Guillermo Lasso, evidentemente, no es la excepción de la regla. “A veces se crean estos monstruos para mantenerse en la opinión pública... No es la forma. Se debería gobernar para el país”, replica el consultor político y director del Instituto Internacional de Marketing y Comunicación, Jorge León.

Siendo una práctica usada con frecuencia un rédito debe tener. A decir del analista y consultor político César Luis Barthelotti, lo que gana en este caso el Gobierno es definir los temas y los actores, establecer sus propios pesos y contrapesos y por encima de todo evitar que nuevos personajes surjan. “Toda administración tendrá siempre detractores, es natural en el ejercicio de la política, el denominarlos es parte de una estrategia de comunicación que se basa en conceptos rápidos para que sean asimilados por la gente”, acota el experto.

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Frentes opositores de Guillermo Lasso.
Frentes opositores de Guillermo Lasso.Cortesía.

Efectivamente, todos los gobiernos inician con una lista de enemigos: la inseguridad, la pobreza, la desigualdad social, la crisis económica, por citar algunos. Los de Lasso, actualmente, a criterio del consultor y catedrático universitario Alfredo Dávalos, son la crisis carcelaria que deriva en mayor inseguridad a la que suma el desbordamiento de la crisis social que tiene su reflejo en la migración de ecuatorianos.

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No obstante, el experto cree que la actual administración aborda estos temas en su discurso, pero “de manera tibia y no contundente”. “Es que no debe ser solo en el discurso, debe acompañarlo con acciones y hechos... Lo devela, lo deja claro, pero no se ven las políticas, como por ejemplo qué hará para recuperar el control de las cárceles, para darle seguridad a los ciudadanos. Es un discurso ambiguo, tibio. Se identifica al enemigo, pero lo que hace alta es una estrategia en la que se planteen acciones”.

Sin discurso contundentes y acciones efectivas, los enemigos políticos pueden inclinar la balanza y convertirse en un arma de doble filo.