La isla Isabela y el muro donde retumban antiguas lágrimas

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La isla Isabela y el muro donde retumban antiguas lágrimas

En esta zona de Galápagos existió a mediados del siglo pasado una colonia penal donde reinaron el abuso y la muerte

Isla Isabela_Muro de los lamentos
El muro es un atractivo turístico. La ruta tiene, además, senderos con un mirador y una laguna.Vicente Tagle

Estar ahí, ante ese muro de rocas oscuras, es sentir que el corazón se achica. Aunque el sol pegue ‘como el demonio’, se experimenta un frío que invade el cuerpo. Y no es por la garúa (llovizna leve) que para esta temporada se presenta a cualquier hora en las islas Galápagos. Es que invade una sensación de tristeza e inquietud. Es como si el llanto de hombres rudos sometidos a un intenso castigo retumbara y recordara el dolor que allí se vivió.

Formado por cientos de rocas volcánicas, el Muro de las lágrimas, de unos 100 metros de longitud por 7 metros de alto, luce imponente y tenebroso a la vez.

Esta es la memoria en pie de lo que alguna vez fuera la colonia penal de la isla Isabela, en el mágico archipiélago de Galápagos. Una contradicción de la vida: pesar y belleza. El sitio donde “los valientes lloran y los cobardes mueren”, refiere un dicho popular sobre este lugar.

Leonor Moreira, su hija Rocío y el esposo de esta vivieron esa experiencia en días pasados. Cuatro horas y media de caminata ‘bien pegadas’ para llegar al muro. "Estar aquí genera una sensación extraña. Es como si aquí viviera el dolor. Pero también da como algo de miedo y a la vez coraje, una indignación al conocer todo lo que aquí ocurrió”, comentó Rocío, luego de pasar una lápida donde se lee: “En memoria de los que aquí sufrieron y murieron. 1946-1959”.

Más adelante, y poco antes de llegar al muro, un cartel les advierte, en español e inglés, que “esta inútil construcción es conservada en recuerdo del sufrimiento de quienes fueron forzados a construirlo”.

Pero si alguien sabe de todo lo que allí sucedió es el historiador y poeta galapagueño Jorge Suárez Viteri, de 79 años. “Los siete pecados capitales estaban reunidos ahí”, dice, para contextualizar en una simple frase la crudeza de lo que fue el Centro de Rehabilitación José María Velasco Ibarra.

Explica que para aprovechar las instalaciones dejadas por los norteamericanos en la Segunda Guerra Mundial (hicieron una base en Galápagos), en 1949 se decidió instalar el centro carcelario con fines agrícolas en Isabela.

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Turistas ingresan hacia el sector del Muro de las lágrimas, en la isla Isabela.Vicente Tagle

Luego se sacó a 300 presos de diferentes cárceles del país y se los llevó hasta su nueva ‘cárcel natural’. Junto a ellos y para su cuidado, 30 policías y 6 oficiales. Arribaron a la isla un sábado 26 de octubre. Se ubicaron tres campamentos para los reos: Santo Tomás, a unos 20 km del poblado, para los de mediana peligrosidad; Alemania, a 45 km, para los más peligrosos; y Porvenir, donde enviaron a los enfermos de sífilis y tuberculosis.

Los castigos eran despiadados, la ‘ley de fuga’ se aplicaba sin piedad alguna.

La creación del muro fue uno de los castigos más atroces que sufrieron. A pleno sol, sin agua y sin comida, los obligaban a caminar por kilómetros, cargando las rocas volcánicas hasta formar la estructura. Muchos morían en el camino y nadie los ayudaba, por temor a ser castigados o simplemente porque a ellos tampoco les quedaban fuerzas.

Hasta aquel sábado 8 de febrero de 1958, en que se realizaría una obra teatral por el Día del Recluso. La fuga estaba preparada y ese sainete era solo la cortina para su plan.

Suárez relata que “llegaron hasta el pueblo y ahí amarraron a los policías. Se invirtieron los papeles y ellos eran quienes mandaban ahora”. Un grupo de violentos abusó de 2 mujeres. “Pero la valentía de don Jacinto Gordillo, el párroco de la isla, al esconder en la iglesia a mujeres y niños, salvó a muchos”, destaca Suárez.

Veintiún reos escaparon en dos embarcaciones y después en alta mar capturaron un yate con turistas extranjeros. La historia dice que llegaron hasta Esmeraldas, en donde desembarcaron.

Tres días duró la rebelión y luego la policía retomó el control. Un año después, en 1959, el Gobierno decidía cerrar la colonia penal de Isabela. El muro quedaría allí, para siempre, como testigo mudo del sitio donde los valientes lloraron... y no solo los cobardes murieron.

Una colonia de reos300 reos fueron llevados a la isla para iniciar la colonia. Cansados del abuso, 12 años después un sainete les sirvió de cortina para una rebelión.
21 presos escaparon.
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Vista panorámica del Muro de las Lágrimas en la isla Isabela, provincia de Galápagos.Vicente Tagle