Ciencia y Tecnologia

Dióxido de cloro: lo que dice la ciencia sobre su uso en Ecuador

Un supuesto estudio hecho en Ecuador afirma que el dióxido de cloro curó a 103 personas de la Covid-19. Desde la academia descartan su validez, estos son los argumentos

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Referencial. Un farmacéutico sostiene un preparado con dióxido de cloro en Cochabamba, Bolivia.efe

Desde inicios del pasado mes de mayo de 2020, la Agencia Nacional de Regulación, Control y Vigilancia Sanitaria (Arcsa), se ha pronunciado y ha alertado a la ciudadanía sobre el uso de los productos que contienen clorito de sodio (llamado popularmente "solución mineral milagrosa") o dióxido de cloro (CDS), para que se abstenga de adquirirlos.

Desde entonces la entidad ha recomendado en distintos comunicados no consumir la sustancia e incluso ha asegurado que dicho producto y sus derivados no curan el coronavirus, y no cuentan con autorización sanitaria ecuatoriana.

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En su último pronunciamiento, emitido el 17 de julio, Arcsa informó que no ha ingresado ninguna solicitud formal para autorizar el uso de dióxido de cloro como tratamiento para Covid-19 y que, si se presentara, los interesados deberán mostrar estudios científicos y adicionalmente deberán incluir sustentos farmacológicos que avalen esta fórmula. Esto tras las distintas peticiones de varios sectores para aprobar productos de uso medicinal que incluyan dióxido de cloro.

Y es que detrás de esta serie de hechos, radica un debate mundial en la comunidad médica y científica sobre el uso de esta sustancia que ha crecido exponencialmente junto a la pandemia y que también permanece instalado en Ecuador.

Sin ir más lejos, entre el pasado 27 de marzo y el pasado 10 de abril, la Asociación Ecuatoriana de Médicos Expertos en Medicina Integrativa (Aememi), realizó un supuesto estudio sobre los efectos del CDS en pacientes de Guayaquil en el que afirmaron que de 103 personas se habrían curado del nuevo coronavirus con este tratamiento.

El trabajo, afirman, contó con un total de 104 participantes voluntarios de edades comprendidas entre los 18 y 80 años, según se indica en el documento que fue notariado en la ciudad puerto. Ese grupo incluía "pruebas positivas para Covid-19, sintomáticos respiratorios para la enfermedad, así como individuos que tuvieron contacto con personas infectadas". 

Es decir, que entre los voluntarios habría distintas situaciones clínicas, algunas de ellas sin confirmar una infección por coronavirus. Esto, sumado al hecho de que algunos médicos de Aememi se encuentran como participantes del estudio y otras limitaciones, han hecho que la comunidad científica del país tome una posición clara y unánime en contra de la validez del trabajo.

En relación a esto, el científico e investigador Paúl Cárdenas afirma que la elaboración de dicho trabajo "es totalmente ilegal porque para hacer un estudio clínico en Ecuador se necesita un permiso del Arcsa, del Ministerio de Salud Pública y de un Comité de Bioética". 

Además, el experto recalca que uno de los principales puntos cuestionables de dicho estudio es que no consta de un grupo control en el documento y tampoco sustentan con pruebas que algunos de los pacientes estudiados hayan tenido Covid-19, algo que "lo hace perder aún más validez".

Rodrigo Henriquez Trujillo, epidemiólogo clínico y médico especialista en medicina familiar, explica que la única forma que se puede demostrar que un medicamento o tratamiento con medicnas sirven es a través de estudios denominados ensayos clínicos controlados. En ellos se toma a una determinada población que tiene la enfermedad que se quiere tratar para designar dos grupos diferentes de forma aleatoria: uno que no va a recibir la sustancia y otro que sí.

Es importante que la designación de los grupo sea al azar para que exista la misma composición. De esta manera, al seguir en el tiempo a los dos grupos, podemos atribuir que cualquier diferencia que se haya observado sea realmente por el tratamiento.

Rodrigo Henriquez Trujillo, investigador de la UDLA y experto en evaluación de tecnologías sanitarias.

Los dos expertos remarcan que el supuesto ensayo pierde credibilidad científica al ser realizado por una asociación de "expertos en medicina integrativa”. Este calificativose ha generalizado para rebautizar a las “medicinas alternativas” e intentar esquivar el etiquetado de pseudociencias y pseudoterapias. Es decir, terapias o procedimientos que no cuentan con una evidencia científica que avale su eficacia.

Cárdenas añade que "el problema del dióxido de cloro y otros tratamientos de pseudociencia es que juegan con la psicología de otras personas, sobretodo en enfermedades que no tienen un tratamiento". Agrega que este fenómeno no vino con el SARS-Cov-2. "Eso lo vemos todos los días, incluso antes de la pandemia, con enfermedades como el cáncer o el sida".

El trabajo está totalmente invalidado. El hecho de que hayan notariado dicho estudio para validarlo con las firmas, entre otras cuestiones, no lo valida precisamente para la ciencia.

Paúl Cárdenas, microbiólogo e investigador de la USFQ.

PERO, ¿QUÉ ES EL DIÓXIDO DE CLORO Y QUE EFECTOS PUEDE TENER EN EL CUERPO?

Carmen Sarmiento, presidenta actual de Aememi, argumenta que la mayoría de personas "confunden esta sustancia con el cloro", que es otro derivado del hipoclorito de sodio, pero recalca que el CDS "es una combinación del clorito con un ácido ligero como el limón o el vinagre, por ejemplo". 

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Sin embargo, los científicos conciben al dióxido de cloro como un producto químico que es muy bueno, pero no para consumo humano, sino solo como desinfectante. Aseguran que esta sustancia puede ser utilizada para blanquear o desinfectar superficies u objetos, pero enfatizan en que su consumo es peligroso para la salud.

Henríquez recuerda que en casi todos los países, "por no decir todos", la sustancia tiene emitidas alertas de seguridad, es decir, hay evidencia de que el uso agudo o uso crónico de la misma, podría producir daños a la salud.

Esto se debe a que esta sustancia "actúa como un poderoso oxidante", es decir, cuando se produce la reacción química que libera el dióxido de cloro y este interactúa con sustancias como por ejemplo el agua, se libera oxígeno. "Pero este oxígeno produce daño", continúa Henríquez.

El dióxido de cloro produce en nuestro cuerpo un oxígeno libre que daña los tejidos y por eso los efectos adversos en la salud tienen que ver con la destrucción y oxidación de los glóbulos rojos.

Rodrigo Henriquez Trujillo, investigador de la UDLA y experto en evaluación de tecnologías sanitarias.

Sarmiento, por su parte, revela que desde Aememi se lanzó el ‘Protocolo Ecuador’, puesto que Andreas Kalcker, un biofísico suizo que promueve el CDS alrededor del mundo y que es descrito por Sarmiento como “el pionero del uso del dióxido de cloro con fines médicos”, dijo que cada país debería patentar su propio protocolo estándar. Ellos aseguran haber encontrado la dosis debida en 5 ml de CDS diluidos en 500 ml de agua con una toma cada hora. Argumenta que con este proceso “el virus neutraliza la carga viral para que el Covid-19 no pueda expandirse”.

No obstante, el científico Cárdenas evoca que Andreas Kalcker y todos estos “gurús” del CDS están siendo observados en Europa o Estados Unidos, además de tener juicios pendientes no solo por estafas, sino también por el peligro que puede representar el promover el uso de estos desinfectantes para el consumo humano.

Tanto Cárdenas como Henríquez coinciden en que el dióxido de cloro produce en nuestro cuerpo un oxígeno libre que daña los tejidos y por eso los efectos adversos en la salud tienen que ver con la destrucción de los glóbulos rojos, además de un efecto de toxicidad que puede ser aguda o a largo plazo.

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“Desde esa explicación científica, en lugar de contribuir al cuerpo contribuiría a lo contrario, a destruir glóbulos rojos”, sostiene Henriquez.

HABLA DESDE LA EXPERIENCIA

José Aguilera, un ciudadano guayaquileño de mediana edad, fue uno de los 104 pacientes que con su consentimiento se sometieron al tratamiento con CDS bajo el control de especialistas de Aememi durante el periodo pico de la pandemia en la urbe porteña.

El hombre explica que a finales del mes de marzo empezó a experimentar síntomas tales como fiebre, dolores de cabeza y problemas de respiración. Cuando fue a la clínica privada que cubría su seguro se encontró con que "todo estaba colapsado". Fue entonces cuando decidió contactarse con una doctora de Aememi y ahí dio inicio a su tratamiento con el dióxido de cloro.

El primer día me mandaron a tomar una tapita del mismo frasco que contiene la solución, cada dos horas hasta que me durmiera. A partir del siguiente día, una tapita en la mañana, otra en la tarde y una última en la noche durante cuatro jornadas más

José Aguilera, consumidor de CDS.

Aguilera sostiene que a medida que pasaban los tres primeros días notó como su “ahogo iba disminuyendo considerablemente” hasta desaparecer por completo y poder descansar bien. Además afirma que con el tratamiento sentía “tener una mejor circulación”.

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José Aguilar bebiendo una dosis de CDS.Cortesía

No obstante, el hombre nunca supo si realmente estuvo infectado por Covid-19 a pesar de tener síntomas relacionados a la enfermedad. Alega que "debido al colapso de los centros médicos y al precio de los exámenes" nunca pudo realizarse la prueba.

Aguilera revela que ahora está volviendo a tomar una “dosis de mantenimiento” de CDS, que consiste en 1 tapa a diario, porque intenta “estar prevenido” ante un posible rebrote de coronavirus.

Él dice que compra el CDS directamente en el consultorio de los doctores de Aememi o en la misma asociación. También subraya que no adquiriría la sustancia por internet ni en el Mercado Central, donde asegura que también se la comercializa.

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¿QUÉ EXPLICACIÓN TIENE ESTE TESTIMONIO?

Respecto a los beneficios que confiesan algunos consumidores de CDS como Aguilar, Henriquez hace referencia al conocido efecto placebo, es decir, la modificación que se produce en el organismo como resultado del estímulo psicológico inducido por la administración de una sustancia inerte, de un fármaco o de un tratamiento sin acción curativa.

“Las intervenciones que hacemos también pueden producir alivio a través de influir en nuestro estado mental”, comenta el experto.

El efecto placebo es algo muy poderoso en realidad y justamente ese es uno de los problemas que tenemos en relación al usar algún tratamiento que esté basado en pseudociencia.

Paúl Cárdenas, microbiólogo e investigador de la USFQ.

"Entiendo que en la mayoría de las veces estas personas se han dejado llevar por la desesperación, pero tomemos en cuenta que el Covid-19 tiene en promedio solo el 5% de mortalidad y solo entre el 10 y 15 % en enfermedades graves. Esto quiere decir que para el 90 % de las personas con esta infección es autolimitante por lo que se curará sin necesidad de tomar nada", finaliza Henriquez.