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Andrés Gómez, 30 años de la consecución del Roland Garros

El 10 de junio el Zurdo de Oro cumple tres décadas de haber obtenido el histórico triunfo. EXPRESO muestra detalles desconocidos de él

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Andrés Gómez conserva la réplica del trofeso que ganó en Roland Garros (1990).Archivo

De pronto el interés del hincha ecuatoriano cambió. La Copa del Mundo Italia 90 pasó a un segundo plano y las miradas se fueron hacia la pista central de Roland Garros. Allí, el 10 de junio, Andrés Gómez ponía el nombre de Ecuador en el sitial que nuestro fútbol aún no conocía, la élite mundial, disputando la final de uno de los torneos del Grand Slam.

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Treinta años más tarde, el Zurdo de Oro le revela a Diario EXPRESO detalles desconocidos de aquel capítulo histórico, donde le impidió al estadounidense André Agassi obtener su primer Grande.

Ya en la madurez de su carrera, Gómez vivió aquella jornada con mucha tranquilidad.

“Había llegado de Roma, con escala en Marsella, donde tenía una exhibición. Cuando volví a París lo hice junto a mi familia y con la seguridad de que daría lo mejor de mí, sin necesidad de prometerle nada a nadie, porque un profesional siempre pone su mejor esfuerzo en lo que hace”, indica.

El tenis me permitió conocer todos los continentes, al punto que le he dado la vuelta al mundo algunas veces. Solo me faltó estar en los polos

Andrés Gómez

LOS RECUERDOS 

Al no contar con ningún periodista ecuatoriano cubriendo por entero estos eventos, lamenta no tener fotos de las ocasiones en las que estuvo junto a Muhammad Alí y Juan Manuel Fanggio, en otros torneos del Grand Slam.

Sin embargo, uno de los recuerdos tangibles que tiene de aquel momento en París es una réplica del trofeo que guarda en su casa de playa, el mismo lugar donde celebrará junto a su familia este nuevo aniversario. Será algo especial, pues por la pandemia del coronavirus lleva mucho tiempo sin poder juntar a todos.

“Siempre soñé con ganar un torneo de esa magnitud, pero mi mejor tenis lo desarrollé en cancha de arcilla. Pudo ser en el cemento (Abierto de Estados Unidos), un poco más difícil en el césped (Wimbledon). También hay que tomar en cuenta la calidad de jugadores que hubo en mi generación”.

Gómez se refiere a figuras de la talla de: Mats Wilander, Iván Lendl, Guillermo Vilas, Stefan Edberg, Pete Sampras, Jimmy Connors, entre otros. De allí la importancia de su triunfo en París.

Fue el momento cumbre de la carrera de un deportista que en su juventud estuvo ligado a otras disciplinas, antes de que la raqueta le sedujera. “Practiqué fútbol, surf, ciclismo, baloncesto. Era muy activo, en esa época no existía el PlayStation e invertía mi tiempo en la actividad física”.

La noche anterior al juego decisivo cuenta que durmió tranquilo, siguiendo paso a paso la planificación elaborada por su equipo de trabajo.

“Agassi tenía un favoritismo relativo, no era amplio. Los conocedores del tenis sabían que la balanza estaba equilibrada. Yo siempre estuve tranquilo, incluso dormí sin problemas luego de haber ganado el título, aunque tuve que invertir un par de días más para dar entrevistas, especialmente a la prensa francesa”, acota.

El tenis ecuatoriano no había alcanzado lugares de tanto protagonismo desde Francisco Segura Cano, a inicios de la década de los 50.

En lo que respecta al partido, Gómez afirma que lo fue llevando según se presentaban las circunstancias y en el momento cumbre, el match point, lo afrontó con la serenidad de quien sabe que estaba haciendo las cosas bien.

En el camino habían quedado Fernando Luna, Marcelo Filippini, Alexander Volkov, Magnus Gustafsson (por incomparecencia), Thierry Champion y Thomas Muster. Era el turno de  Andrés Agassi.

Luego de obtener el punto decisivo levantó los brazos y pensó en sus seres queridos, en el país y en todo lo que vivió hasta llegar a ese sitial.

“Fue algo histórico y entiendo que el país lo valoró como tal”, dice Gómez, quien no recuerda cuánto dinero ganó a lo largo de su carrera y tampoco le da importancia a la cantidad que podría ganar si estuviera activo hoy. “Eso es lo de menos. Viví mi momento y ahora cuento con los recursos necesarios para darle a mis seres queridos un estilo de vida cómodo”.

Lector asiduo, especialmente de obras de suspenso, espionaje y de la Guerra Fría, se declara fanático de James Bond, aclarando que el mejor libro que ha consumido es ‘Cien años de soledad’. Fuera de la cancha también le gusta escuchar música. Rock (lo escucha a solas), blues, jazz... Y, últimamente también, el country.

Así es Andrés Gómez, el deportista, el ser humano, la gloria del deporte ecuatoriano.

NARRA SU HISTORIA

En os últimos días, en su cuenta de Twitter (@AndresGomezGogo), el crédito ecuatoriano se ha dedicado a recordar lo que fue su histórico triunfo.

Lo hace mediante una especie de diario, en el que cuenta cada jornada vivida, las sensaciones previo a los encuentros, la forma en la que estos se desarrollaron rumbo a la gran final.

También le dedicó un espacio al título de dobles que consiguió en 1988, en Roland Garros, junto a Emilio Sánchez.

LAS EXTENSIONES DE ANDRÉ

El estadounidense André Agassi contó en alguna ocasión que las extensiones capilares que utilizó en aquella final con Gómez lo perjudicaron. Recordó que su melena, además de su talento, le habían generado un contrato millonario con Nike y otras empresas. 

Así se popularizó un comercial en el que Agassi terminaba diciendo: “La imagen lo es todo”. Una frase más comercial que una declaración de principios, que, según él le traería más de un dolor de cabeza.

“Mejor para mi. Las cosas se dieron así y la historia está escrita. Las circunstancias de un partido son solo eso”, respondió Gómez, quien prefiere dejar atrás ese capítulo, porque al final en la cancha el resultado fue el que habló.