La amenaza de vivir junto a los cerros guayaquileños

  Guayaquil

La amenaza de vivir junto a los cerros guayaquileños

Las familias de vía a la costa y Colinas de la Alborada temen que haya un deslave como el de Quito. La caída de piedras pone en riesgo viviendas y parques

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Las piedras y tierra que se deslizan desde un cerro de Colinas de la Alborada ha dañado techos y paredes de viviendas.Freddy Rodríguez / EXPRESO

El estado de alarma en el que viven los habitantes de Lomas de Urdesa por el deslizamiento de tierra que, como publicó EXPRESO semanas atrás, se registró en un predio de la calle Quinta y Avilés; lo experimentan también los residentes de las ciudadelas Colinas de la Alborada (en el norte) Bosques de la Costa (en vía a la costa). En ambos sitios, aunque por causas diferentes, está latente el riesgo de que enormes rocas caigan sobre sus viviendas y las áreas verdes que las rodean. No quieren vivir la pesadilla que sufrieron los habitantes de La Gasca, en Quito.

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En el norte, el problema se da por la constante caída de tierra de un cerro que colinda con el vecindario; mientras que en el otro sector, donde las quejas han sido repetidas en los últimos tres años, tiene lugar, a juicio de los residentes, por las maquinarias que continúan excavando en un cerro que visiblemente ha dejado de ser verde.

Daysi Cevallos Liuba, gerente de Daukonsa, empresa que administra Bosques de la Costa, ha denunciado el hecho ya al Municipio, a la Secretaría de Riesgos y a los ministerios de Ambiente y de Minas, pidiendo acciones urgentes.

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En la cancha de indor han caído pequeñas rocas que han puesto en peligro a los niñosFreddy Rodríguez / EXPRESO

Así lo dio a conocer ayer, a través de una réplica de la carta que envió a la alcaldesa Cynthia Viteri, y en la que solicitó que pida a los gerentes de la concesión minera Lorena 1, a cargo de los trabajos, que detengan la actividad de forma inmediata, puesto que “de manera antitécnica están excavando la base del macizo rocoso, causando inestabilidad en el talud, con el riesgo de que existan deslizamientos”.

Lo que vivimos es preocupante. Apelo a las autoridades para que evalúen técnicamente lo que sucede y tomen acciones urgentes.

Gabriela Sierra, de Bosques de la Costa

Frente a esta situación, EXPRESO consultó al Cabildo qué medidas tomará al respecto y si la compañía cuenta con los permisos de funcionamiento y de impacto ambiental al día, pero hasta el cierre de esta edición no respondió.

Cavando en la base del cerro, cavando en el talud, las familias están en riesgo. Urge parar con estas acciones y que las autoridades actúen.

Wilfrido Freire, administrador de Bosques de la Costa

Un cuestionamiento similar se hizo al propietario de Lorena 1, a quien este Diario contactó vía telefónica y a través de mensajes de WhatsApp que no fueron contestado. Lo que aumentó la preocupación en el lugar.

En Colinas de la Alborada, el panorama no es distinto. Allí, con miedo a ser aplastados viven cerca de 1.000 residentes de cinco manzanas, por la constante caída de piedras de un cerro que colinda con sus casas y una cancha deportiva a la que todos los días acuden a recrearse adultos y niños.

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Jéssica Santana sostiene con un palo la malla de fierro colocada para evitar que las rocas caigan al patio de su casa. Pero este objetivo no se ha cumplido.   Freddy Rodríguez / EXPRESO

El temor no es nuevo, pero se acentúa durante el periodo invernal, ya que las lluvias ablandan el terreno y provocan su deslizamiento. Así lo señala Jéssica Santana, quien habita en el barrio desde hace cuatro años y con frecuencia debe recoger los palos y pedazos de rocas que caen desde el cerro hasta el patio de su domicilio.

El Cabildo conoce el problema desde el 2016, pero no ha hecho nada para que podamos vivir sin el temor a morir sepultados por el deslave.

Bianca Cañarte, de Colinas de la Alborada

“Vivimos en zozobra, no sabemos en qué momento la tierra se nos viene encima”, manifiesta preocupada, mientras camina por el endeble suelo mojado para mostrar a EXPRESO las rejas de fierro que los vecinos colocaron en 2017 para mitigar los efectos de un posible derrumbe.

Queremos que el Municipio construya un muro para evitar que las piedras provoquen desgracias personales y daños en las viviendas.

Édison Gallegos, de Colinas de la Alborada

Édison Gallegos, quien vive desde hace 15 años en la manzana 2345, recuerda que en 2016 pidieron al Municipio que construya un muro de contención para evitar que las piedras que se deslizan del cerro caigan sobre las villas provocando una desgracia.

“Nunca recibimos el apoyo requerido, por eso decidimos entre los moradores recaudar fondos para levantar las rejas existentes. Al principio eran de ayuda, pero con el paso del tiempo se han vuelto insuficientes por la constancia con que se desploma el terreno”, indica acongojado.

ProblemaLos vecinos de Colinas de la Alborada dicen que están cansados de que nadie los escuche y quieren que alguien solucione los problemas del sector.

Los techos de varias viviendas han tenido que ser reemplazados, debido a los orificios que han provocado las pequeñas rocas. Algunas paredes externas han corrido con la misma suerte, originando nuevos gastos a las familias.

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Gallegos, quien también es vicepresidente del Comité Barrial 10 de Agosto de Colinas de la Alborada, no sabe qué pasará si las lluvias siguen cayendo con intensidad, ni se imagina a dónde podría ir en caso de que las piedras afecten su casa.

“Tenemos más que miedo. Hay momentos en que uno piensa que la montaña ya se viene sobre nosotros. Existe un riesgo serio, están en peligro nuestras vidas y eso no es ninguna tontería”, manifiesta, al señalar que ya no sabe a quién pedirle ayuda.

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En Bosques de la Costa se excava de manera antitécnica la base del macizo rocoso.Miguel Canales / EXPRESO

Este Diario consultó también sobre las acciones que el Cabildo ejecutará en el lugar, pero solo hubo silencio.

Bianca Cañarte, vocal principal del comité, reitera que las rocas que amenazan con caer sobre los inmuebles suelen alcanzar hasta las dos toneladas de peso y si una piedra de ese tamaño cae sobre una casa, es bastante probable que no quede nada o que incluso pueda arrastrar más de una vivienda a su paso, advierte.

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Pero el temor de ella es más grande cuando piensa que esas mismas piedras pudieran caer en la cancha de índor y vóley que ellos construyeron con la ayuda de la comunidad y que lleva el mismo nombre de la agrupación a la que pertenece.

Varios niños ya han salido heridos cuando, mientras utilizan la cancha, empiezan a rodar algunas rocas. Por eso reiteramos al Municipio el pedido de que nos ayude construyendo el muro de contención, antes de que haya alguna muerte”, enfatiza.

La cancha, de 13 metros de frente y 15 de fondo, solo tiene dos arcos colocados uno en cada extremo, así como un pequeño graderío. “Incluso hasta nosotras a veces nos ponemos a ‘pelotear’, ya que es el único lugar donde podemos ejercitarnos”, puntualiza la moradora Carolina León.