Guayaquil: “Entre los buses y los robos, mi vida se desgasta en la ciudad”

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Guayaquil: “Entre los buses y los robos, mi vida se desgasta en la ciudad”

Los ciudadanos están hartos de las infracciones de los conductores de buses. Solo en 2020, cometieron más de 6.000. EXPRESO detalla las denuncias

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Infracción. En Colón y García Avilés, un bus bloquea el paso cebra. Esta escena es común en el sector, a diario, denuncian.Christian Vinueza

Si al guayaquileño Darío Mejía, de 47 años, hay algo que realmente le enoja, es lidiar a diario con los conductores de buses. Y no se refiere a unos cuantos, porque a todos los mete en el mismo saco, ya que argumenta que “no hay uno que se salve de respetar al resto de conductores y, peor aún, las señales de tránsito”.

URDESINGUE

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Mejía es conductor de un transporte escolar y solo en lo que va del año su vehículo ha sido golpeado (levemente) tres veces por las unidades. “Los buseteros invaden carril, se te lanzan sin miedo, no usan las direccionales; obligan a que el ciclista, por miedo, mejor camine o trepe su bicicleta en la acera, y te cierran las vías. Estoy harto. Entre los buses y los robos, mi vida se desgasta en la ciudad”, lamenta.

Según datos de la Agencia de Tránsito y Movilidad (ATM) de Guayaquil, entre 2019 y este año 12.301 infracciones han cometido los conductores de buses en las calles del Puerto Principal. En 2020, de las 6.623 registradas, 5.936 fueron por exceder la velocidad y 216 por desobedecer las señales de tránsito. Este 2021, apenas 30 fueron los sancionados por incumplir esta última causa, lo que genera indignación por parte de los ciudadanos.

Seis sanciones
ha emitido este año la ATM a los conductores de buses por bloquear intersecciones. Sin embargo este Diario, solo en 15 minutos, vio a 9 unidades hacer lo mismo.

EXPRESO hizo un recorrido por la urbe para constatar estas quejas de los ciudadanos que, como advierten, se han dado desde “siempre”. “Desde que permitieron que circulen los buses, empezó el caos. Ellos son los dueños de la calle. Ni siquiera sé por qué en algunos sitios colocan los muros que separan su carril del nuestro, si les da igual. Lo peor es que las multas no son suficientes. Y claro, ¿quién podría multar al conductor que cada dos segundos comete una infracción”, cuestiona Eduardo Meza, quien hace un llamado a que las multas sean mayores. De $ 500, $ 1.000, así sea la más insignificante.

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Solo en Urdesa, en la intersección de las calles Víctor Emilio Estrada y Las Monjas, en un lapso de 20 minutos, seis buses de transporte público invadieron carril y obstaculizaron el paso a los conductores. Esteban Marín, quien debe tomar la ruta hacia Las Monjas para llegar a la avenida Carlos Julio Arosemena, donde queda su oficina, se duerme en la bocina al ver cómo un colectivo le impide el paso cuando el semáforo cambia de color . “Ellos jamás deben estar en este carril, pues es solo para quienes van a girar. Esto pasa todos los días. Son unos abusivos. De respeto no saben nada. Ignorantes. ¿Hasta cuándo no vivimos como la gente?”, se queja.

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Riesgo. Los pasajeros se bajan en el carril central y ante ello, los conductores frenan para evitar atropellarlos.Christian Vinueza

En ese mismo punto, este Diario constata que de las unidades se lanzan hacia la calle uno tras otro los pasajeros. No hay paraderos que los reciban, ni siquiera veredas. Los usuarios bajan apenas el conductor reduce la velocidad, y quienes deben estar atentos son el resto de choferes que circulan en la avenida, quienes hasta deben frenar a raya para no llevarse consigo a los usuarios.

El conductor Darío Bermejo solo alcanzó a sacar la cabeza por la ventana de su camioneta para insultar al viento cuando Daniela Morante descendió del autobús. “¡Loca! Fíjate por dónde te bajas. Casi te mato. Si el chofer es irresponsable, no lo seas tú. ¡Por Dios! ¡Por Dios!”, gritó Bermejo, hasta que se perdió en el camino.

Por un tiempo se respetaron las paradas, pero hoy son un adorno. En el centro hay quienes esperamos en la parada asignada, pero somos invisibles. Los conductores se van de largo.

Solange Macías,
usuaria

Pero esta escena es habitual en el Puerto Principal. De hecho, durante el recorrido un equipo de EXPRESO vio el mismo comportamiento a lo largo de las calles Esmeraldas, Tungurahua, Los Ríos, Domingo Comín, Colón, García Avilés.

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Desorden. Más usuarios se bajan mientras el vehículo sigue rodando. El semáforo está en verde.Christian Vinueza

Por ejemplo, en esta última intersección, lo que se observa no es más que caos. Usuarios, entre jóvenes y adultos mayores, obstaculizando el paso cebra y dando cabida a un embotellamiento que se alargó por alrededor de 20 minutos y, otra vez, hace perder la cabeza a los ciudadanos.

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“Me van a matar, juro que los buseteros me van a matar”, dice a este Diario Ricardo Lozada, un médico que intenta llegar a casa a tiempo para almorzar (son las 14:00), descansar y reanudar su jornada a las 17:00.

En este sector, donde el entorno se complica todavía más debido a que los informales se cruzan entre los vehículos para subir y bajar de las unidades, o hasta venden sus productos lanzándolos por la ventana; hasta los conos de tráfico terminan aplastados bajo las enormes llantas.

A diario, prácticamente ellos hacen y deshacen en la vía. Hay paraderos respectivos para cada línea y no los dejan ahí, a veces ni paran. Es un desorden total y nadie hace nada.

Andrés Páez,
conductor

“Aquí los buses vuelan, ya no me asombra”, señala el comerciante Julio Ocejo desde una vereda, mientras ve cómo un hombre de casi 70 años parece no respirar mientras se queda atorado entre dos colectivos que circulan por la calle Clemente Ballén, entre 6 de Marzo y Lorenzo de Garaycoa. Él no se bajó en el paradero. ¿Por qué?, le pregunta EXPRESO. “Porque aquí queda el sitio al que voy. ¿Para qué caminar más? Todos lo hacen”, responde.

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En un reportaje anterior, sociólogos como Andrés Martínez y urbanistas como Brick Reyes coincidieron en el hecho de que este tipo de comportamientos recaen en la falta de educación.

Hoy, el experto en movilidad Daniel Narváez lo repite. “La viveza criolla que no se va y que pocos tratan de erradicar desde los hogares, nos está obligando a ser cada vez más una sociedad más indolente y desordenada”.

“Tercermundista”, agrega el conductor Federico Delgado, otro de los guayaquileños que consideran que las cifras de la ATM no muestran “ni la mitad” de la realidad que se vive en las calles.