Guayacos

Alberto Sper, el guayaco que enfrentó la pandemia desde la UCI

Guayacos: Después de atender a cientos de pacientes con covid-19, al día; muchos de los cuales morían en sus manos, su forma de ver la vida, cambió. Su historia es la de miles de médicos 

Alberto
Alberto Sper Sempértegui, doctor especialista en Medicina Crítica y Medicina Interna.Christian Vásconez/EXPRESO

Guayacos es una sección en la que contamos historias de los habitantes de Guayaquil, vidas que alimentan y hacen más rica esta ciudad. Relatos que ayudan a conocer mejor la madera de la que están hechos.

La cantidad de enfermos que a diario, por distintas dolencias, llegaban por emergencia y consultas al Hospital de Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) Los Ceibos de Guayaquil, antes de que la pandemia de la covid-19 aferrara sus tentáculos en la urbe porteña, era de 800 a 1.000. Pero a raíz del inicio de la emergencia sanitaria, solo los contagiados con el virus sumaban por lo menos 300 al día. El 80% de ellos llegaban ahogándose y tan graves que requerían ser internados en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), donde los médicos especialistas como Alberto Sper, luchaban sin descanso por salvarles la vida.

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“Fue un tiempo muy difícil. Salía de mi casa a las 05:30 para llegar lo más pronto al hospital y atender a los enfermos con coronavirus. Los pacientes morían en mis manos, unos tras otros, todos los días. Después de ayudar a salvar a muchos y no poder salvar a otros, llegaba a la media noche a mi casa a llorar, antes de dormir. Vivía, como médico y ser humano, una experiencia que jamás imaginé vivir”. Así narra Sper, doctor intensivista, su experiencia en el área de la UCI entre los meses de marzo y abril de 2020.

Sper de 37 años de edad, era el jefe de la UCI en el hospital Los Ceibos cuando la pandemia tuvo su pico de muertes más alto en la ciudad y, la ciudadanía, sin querer, ni haberlo previsto, se veía envuelta en una 'escena' de terror.

Hace 15 días el Colegio de Médicos del Guayas, como a otros doctores, le otorgó a este guayaquileño una condecoración por haber enfrentado la enfermedad con el sacrificio que aquello le conllevó: laborar en horarios extendidos, descansar poco y arriesgar su propia salud por salvar miles de vidas. Antes de ese homenaje, otra institución también le había condecorado.

Ahora, después de un año del inicio del confinamiento domiciliario obligatorio en Ecuador y de la época más difícil en los hospitales, este médico especialista le narra a EXPRESO cómo su vida cambió desde entonces y cómo lo ha motivado para no parar de trabajar frente al virus.

“Llegaban tantos pacientes en mal estado que no sabíamos a quienes entubar. Con mi equipo corríamos de un lugar a otro. Yo estaba a cargo de unos 150 profesionales, entre médicos y enfermeras, a quienes todos los días tenía que motivar, porque se derrumbaban emocionalmente con frecuencia”, cuenta. Sus párpados superiores caen y sus frondosas cejas se angulan hacia arriba, haciendo un gesto de tristeza en el rostro, al recordar esas escenas.

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Cuenta que después de atender a los pacientes en el hospital, donde debía permanecer forrado de pie a cabeza con el traje bioseguridad especial, que por cierto lo mantenía acalorado todo el día y lo hacía sudar "a chorros", atendía por llamadas entre 30 a 40 personas al día, que le preguntaban qué hacer o qué medicina darles a sus familiares con covid. 

A estos últimos los atendía gratis, porque sabía lo caro que le resultaba a la familia comprar la medicina y con más gastos ya no podía. Y porque además eran tiempos donde la humanidad se 'abrazaba' bajo un mismo llanto. En muchos casos, incluso, atendió a los enfermos en sus casas, por lo que recorrió sectores que iban desde el norte hasta el Guasmo y la isla Trinitaria. Calcula que atendió en casa, sin cobrar un solo centavo, a unas 40 familias. 

“Para muchos que tenían varios enfermos en las casas les resultaba muy caro económicamente la enfermedad. Recuerdo que una chica, que me contactó, tenía a sus padres enfermos y no los quiso llevar al hospital por miedo a que murieran y ella después no encontrara sus cuerpos. Ella gastó en oxígeno, antibióticos, corticoides y más, unos 15 mil dólares en dos semana”, cuenta.

A él todavía le entristece cómo el colapso de pacientes provocó que muchos mueran por falta de oxígeno, sedantes y otros medicamentos de los que escasearon los hospitales del país.

Ahora, 12 meses más tarde, con la baja de muertes por covid-19 en el país, el ritmo de trabajo de Alberto ha mermado pero no ha parado.

A más de su trabajo en el hospital, tiene su propio consultorio donde atiende a pacientes desde la tarde hasta la noche; y más que por acumular dinero, trabaja por ayudar a los enfermos que necesitan de su servicio.

“Antes de la pandemia, yo estaba muy preocupado en hacer dinero y tener mucho éxito en mi carrera como intensivista . Cuando vi a la gente morirse en mis manos sin poder hacer nada, y después de que colegas, amigos y excompañeros de clases fallecieran y que yo mismo me contagiara, supe que no tenía ningún sentido ganar más y más plata y que lo que valía la pena era lo que hacía para ayudar a las personas. Aterricé, dejé de correr tan de prisa detrás del éxito”, destaca.

Añade luego, que fue en esos difíciles momentos en los que volvió a recordar, todos los días, el por qué decidió ser doctor intensivista cuando estaba aún en las aulas de la Universidad Estatal de Guayaquil, estudiando medicina: para salvar todas las vidas que más pueda, cuando los pacientes estén en su último respiro.

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Aplicación Móvil

Cuando los meses difíciles pasaron y el número de muertes empezó a disminuir, la experiencia de enfrentar la pandemia lo empujó a concluir un proyecto que había trazado desde el 2019: una aplicación móvil (App), llamada Galeno, que permite a pacientes recibir consultas médicas, tras registrar su usuario y contraseña, por mensajes con médicos de diferentes especialidades. El pago es con tarjeta de crédito y la app está pensada, cuenta, para personas que necesitan de consultas con especialistas y que no tienen tiempo de acudir a los consultorios. Por esa misma app se generan las recetas con sellos y firmas. 

Si sabes de un personaje de tu barrio o círculo que todo el mundo debería conocer, escribe a lopezk@granasa.com.ec