Catrina Tala: “No haría una producción para perder plata”

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Catrina Tala: “No haría una producción para perder plata”

La directora de contenido y productora televisiva analiza el panorama audiovisual del país

Catrina Tala
Catrina Tala.JUAN FAUSTOS // EXPRESO

En una semana, Catrina Tala cumple 41 años. La directora de contenido de RompeKbezas Producciones ha tenido una larga trayectoria en la creación de productos televisivos, teatrales y digitales. Hoy, tras la lenta recuperación en la industria audiovisual, analiza el panorama local y revisa los cuestionamientos que enfrenta en este círculo del que nacen estrellas locales, críticas desde la prensa rosa y los discursos y evolución del humor como dinamizador de cultura. Esta orgullosa cuarentona, de palabra segura pero tímida para posar, repasa su vida televisiva que empezó en Perú y hoy tiene el toque para poner historias complicadas en un medio difícil de tratar temáticas poco conservadoras.

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El 16 de agosto cumple 41 años. ¿Se dedicó a usted misma la novela Casi cuarentonas (2021)?

No. Todo empezó porque estaba regresando de Lima y en el aeropuerto encontré un libro chiquito, supersencillo, que se llamaba Tres mujeres. Contaba la historia de una soltera, una viuda y una divorciada. Cuando llegué, quise hacer algo con eso. Llamé a mi cómplice, José Rengifo. En esa época nos estaban pidiendo cosas dos canales: TC y Teleamazonas. Puede ser una novela, una serie y se quedó con quien apostó primero.

¿Cuánto tiene de su vida?

No tiene nada. Lo que sí tuvo fue situaciones de personas cotidianas y cercanas, como amigas, cosas que les ha pasado. Como cuando alguna quedó viuda, otra que no se quiere casar o la que no quiere ser mamá. Del que dirá la sociedad. También hablamos de homosexualidad de manera seria. Tuvimos un trabajo de campo bien exhaustivo y conversamos mucho con los actores para la creación de cada personaje, en especial con Marcela Ruete, Carolina Piechestein y Érika Vélez.

Catrina es muy vocal en el movimiento feminista. ¿Qué tanto de esta visión le pone a sus producciones, siendo Ecuador un país conservador y los medios también?

Cuando mostramos el piloto, les dijimos que nuestra idea era mostrar realidades. Al principio, hubo algunos cuestionamientos o nos pidieron cambiar ciertas situaciones muy fuertes. Nunca nos solicitaron guiones, siempre confiaron en nosotros. Feminista, porque resaltamos el empoderamiento de la mujer dentro de las decisiones que tomaban estos tres personajes.

¿Sus compañeras de lucha se sienten identificadas con estas historias?

Tendríamos que preguntarle a ellas. Muchas dicen que no consumen televisión nacional, pero algunas sí la vieron porque son cercanas a Érika Vélez y Carolina Piechestein. Amigos gais se vieron reflejados en el personaje de Juan Carlos Román. Me llamaban y me decían: ‘Qué bacán contar esta historia’, ‘qué bueno tener esto’.

¿Nunca pensaron en poner a un actor abiertamente gay en ese papel? ¿O no hay actores abiertamente homosexuales en nuestro medio televisivo?

Estaría muy mal de mí afirmar que no hay actores que pueden interpretar ese papel, pero lo que nosotros queríamos era que el personaje, en este caso Juan Carlos, no tuviese ningún gesto para que el espectador no supiera que era gay. No hubiera sido creíble para la historia. El proceso de Juan Carlos fue superduro de interpretar y lo hizo bien. Su casting fue fantástico.

A modo de crítica, ¿no nos podemos comparar con el panorama internacional que sí exige que los papeles sean representados por estas minorías?

Sería realmente fantástico poder hacerlo así. De hecho, Doménica Menessini estuvo en un capítulo y actuó con un papel de mujer trans. Y claro que deberíamos de llegar a eso.

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¿Qué lo complica?

El hecho de que no haya todavía un universo actoral amplio y, si lo hay, a los llamados de nuestros castings -capaz el error ha sido nuestro y hablo acá haciendo un ‘mea culpa’-, no hemos llegado a los lugares que tendríamos que llegar. Sí tuvimos mucho cuidado, teníamos que simpatizar con el canal, los auspiciantes, que son los que se asustan mucho. Eso lo tenemos que romper. En RompeKbezas queremos hacer una serie que se llama Diversos y cuesta mucho ejecutarla. Se piensa que estamos tocando temas tabús y no es así. Lo conservador se mantiene a nivel comercial y publicitario.

¿Cómo se reactivó la industria audiovisual tras la pandemia?

A nosotros nos golpeó mucho. Pero en pleno confinamiento pudimos sacar Escenario RK, grabamos Juntos y revueltos que ya estaba aprobado por el canal. Y en teatro nos reactivamos el año pasado con Park Fest gracias a la visión de Juan José Yúnez.

¿Qué pasó con el nombre de este evento? Al principio se llamaba Sambofest...

Fue una falla nuestra, no nos dimos cuenta de que el nombre estaba registrado. Este tipo de errores se traducen en estrés, pero que se solucionan. Lo cambiamos todo, de la noche a la mañana.

Cuando pasan estas cosas, ¿cómo actúa?

Depende del momento. Si hay demasiado estrés a mi alrededor, trato de ser la pragmática. Eso hace que en algunas situaciones sea muy fría y algunos digan que soy una maldita. Cambiamos todo y salió bien. En mi vida todo me cuesta y esto no podía salir fácil.

En los últimos días, habló firmemente frente a los titulares de la prensa rosa digital. ¿Le sirve la farándula a Catrina?

Lo que ocurrió fue difamación. A Catrina como ser humano no le sirve la farándula. Estamos en programas de farándula porque lanzamos espectáculos. Yo respeto a varios productores que hacen un buen trabajo, como Marlon Acosta y Niurka Moncayo. Hay otro tipo de farándula que es basura, es difamación.

¿Y para sus producciones? ¿Para sus actores?

Yo no puedo crear un producto pensando en que necesito la farándula. Eso sería bastante mediocre de mi parte.

¿Le ha hecho daño la farándula ecuatoriana?

Sí, por supuesto. Pero yo no respondo. Las mentiras y las difamaciones no se responden. Lo haces cuando hay una persona que vale la pena. No tengo que aclararle nada a nadie, mi vida es abierta, clara, sincera y que pueden ir a verificar lo que les dé la gana.

Pero dicen que usted es bruja.

Eso podría ser verdad (risas), dependiendo a quién se lo preguntas también… Ser pragmática es también ser bruja, hija de…

Pero yo digo bruja de verdad. Lee el café...

¡Ah! Eso sí. Es el café árabe y es un don. Lo más fuerte que vi fue la muerte de mi abuelo, era una adolescente. Mi papá me pidió que se lo lea, le dije: ‘Mi abuelo está mal, tienes que viajar a Chile’. Dos días después, mi abuelo murió. Ahora solo se lo leo a mi grupo de amigas cercanas, periodistas todas a las que les encanta que lo haga.

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Continuando con lo audiovisual… Para usted, ¿cuál es la diferencia entre entretenimiento, arte y cultura?

Todo es cultura. Te guste o no te guste. La cultura no tiene un parámetro y depende de dónde esté, vas a tener diferentes públicos o rechazos. Entretenimiento es el humor o formato de tele. Y la cultura está inmerso en esto. Pero aquí la cultura está asociada con lo aburrido.

Entonces, ya que todo es cultura, ¿con el último estreno en teatro de Michy y Melo, se replica esta cultura de machismo y homofobia?

Ellos no tienen ningún discurso en las obras, al menos dentro de las que nosotros hemos hecho, ni de tinte machista ni xenófobo ni nada por el estilo. Hemos tratado desde la primera obra de desestigmatizar el tema de las clínicas de homosexualización. Decir que esa vaina está en contra de todos los gais es mentira. Nosotros hemos tenido incluso foros con grupos GLBTI+, donde ellos han ido al teatro y se han dado cuenta de cómo es la obra. Algunos han querido participar, han tenido foros y entrevistas con David Reinoso y con Víctor Aráuz. Entiendo que hay gente a la que no le gusta y que también habla desde el desconocimiento de lo que es la obra. Son personajes que tienen un pasado en el que sí han sido bastante ofensivos, pero cuando rescatamos los personajes hacia el teatro hemos reivindicado esta situación.

¿Evolucionó bien ese humor?

S vas a verla, no vas a encontrar ningún chiste que tenga ver con la homosexualidad per se. Se habla de política y de realidad nacional.

¿Cómo se logra mejorar la calidad de las telenovelas locales, que gran parte del público crítica por su calidad?

Si nos comparamos con otros países, nuestra producción es mucho más limitada. También obedece a que aquí no tenemos los mismos presupuestos para generar las producciones que el mercado internacional tiene. Para el público ahora es más fácil comparar, es mucho más fácil acceder a otras plataformas. Consumes la televisión nacional para sentirte representado, ese es su valor. Hay cosas paupérrimas en Netflix también. Para poder hacer mayores cosas hay que invertir y no hablo de equipos, sino de no tener que grabar 33 escenas en un día para tener 90 capítulos. Eso es lo que pasa. Si no eres así de productivo, terminas perdiendo plata y esto es un negocio al final del día.

Entonces en Ecuador no deberíamos hacer telenovelas, sino crearnos un formato más pequeño, propio.

Podemos seguir haciendo novelas, pero como las que hemos visto. Tampoco voy a hacer una producción para que el país diga: ‘Oh, qué bacán les quedó’ y yo pierda plata. Es una industria. Los canales tampoco pueden perder dinero.

Si tuviera todo el dinero del mundo, ¿cómo lo mejoraría?

Haría una gran producción y luego la mandaría afuera para que la vean en otros lados y nos podamos poner en el mapa. Pero es un trabajo constante. Nuestro próximo reto en RompeKbezas es hacer una película.

¿Y su vida, de qué género es?

Un drama, un melodrama. Solo Meryl Streep podría interpretarme.

También dijo:

  • “Los mejores cinco actores del país son Víctor Arauz, Alejandro Fajardo, Érika Vélez, Frances Swett y David Reinoso”.
  • “No es que tenga mi argolla pero respeto muchísimo la profesión del actor y creo que el actor debe serlo. Pero no es que sea difícil trabajar conmigo, lo que pasa es que hay gente con la que yo no puedo trabajar y decido no hacerlo. También hay gente a que considero que no son buenos seres humanos... hay algunos”.
  • “La televisión a mí me lo ha dado todo”.
  • “En RompeKbezas no mando yo, manda mi novio”.