El circo intenta mantenerse vivo en la India asolado por la pandemia

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El circo intenta mantenerse vivo en la India asolado por la pandemia

Después de años de haber tenido que lidiar con sucesivos obstáculos, como el aumento de los costos, las opciones de entretenimiento en el hogar o la prohibición del uso de animales, la covid-19 se ha sumado para darle el impacto casi definitivo.

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cortesíaefe

Malabaristas, magos, payasos o trapecistas se han vuelto a reunir bajo la carpa de uno de los circos más antiguos de la India, después de dos años de cierre por la pandemia y el golpe casi mortal de los nuevos hábitos de consumo.

La carpa del Circo Ajanta volvió a levantarse en la ciudad oriental de Calcuta bajo el mantra "el espectáculo debe continuar", recordando así la frase del legendario actor indio Raj Kapoor en su película "Mera Naam Joker" ("Mi nombre es Joker").

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La película, estrenada en 1970, cuenta la historia de un payaso que debe hacer reír a su audiencia sin importar lo infeliz que sea.

"La frase es sumamente relevante para la fase actual que atraviesa el Circo Ajanta", cuenta a Efe el gerente del espectáculo, Kishore Das.

Después de años de haber tenido que lidiar con sucesivos obstáculos, como el aumento de los costos, las opciones de entretenimiento en el hogar o la prohibición del uso de animales, la covid-19 se ha sumado para darle el impacto casi definitivo.

"La gente tiene opciones de entretenimiento más fáciles, como los servicios en línea. El entretenimiento por internet nos ha dado un golpe mortal. El interés por el circo está decayendo rápidamente y nuestro negocio se ha hundido en un abismo", explicó.

"Y luego vino el coronavirus", lamenta.

SALVAR EL LEGADO

Rabiul Haq es el propietario del circo Ajanta, fundado en 1967 por su padre, y ahora trata por todos los medios de mantenerlo vivo, según explica el gerente, que reconoce que abrirlo fue "más una decisión emocional que rentable".

"No fue una decisión fácil, pero Haq decidió volver y todos lo seguimos", asegura Das.

El mayor desafío para la reapertura fue reunir a todos los artistas bajo la lona, después de que la mayoría volviera a sus hogares y optara por cambiar de trabajo ante la clausura obligada del espectáculo desde el inicio de la pandemia, hace casi dos años.

Algunos pasaron a empujar los conocidos rickshaw taxis, otros se dedicaron a la agricultura o empezaron a hacer trabajos ocasionales para llegar a fin de mes.

Pero todos debían volver para el desafío, ya que conseguir nuevos artistas era una tarea imposible y traer artistas extranjeros era impensable debido a las restricciones de viaje por el coronavirus.

Además no se podía entrenar a principiantes "porque tienen que haber practicado el arte desde la infancia, como la gimnasia, la acrobacia, caminar sobre cuerdas", detalló el gerente, que subrayó que necesitaron "meses" para volver a tener listo el espectáculo.

Otro problema que venía de lejos es que la India, al igual que otros países, prohibió el uso de animales en los circos, una normativa que supuso una mayor presión para los artistas, necesitados de sostener por si solos el espectáculo.

"Los animales salvajes, excepto los elefantes, fueron prohibidos en los circos en 2000. Luego, en 2014, incluso los elefantes fueron prohibidos. Solíamos llenar el vacío con actuaciones humanas, en su mayoría de extranjeros, pero la pandemia también puso fin a eso", lamentó Das.

REGRESO ASOLADO

Pese a todo el esfuerzo, la carpa sigue casi vacía, y las funciones se llevan a cabo con menos del 25 por ciento de los asientos ocupados.

"El gobierno nos permitió operar el 50 por ciento de nuestra capacidad, pero la gente que quiere vernos actuar está asustada por la situación sanitaria. En general, la respuesta no ha sido muy buena", admitió.

"Decepcionados" con la mala respuesta, la gerencia ya se siente derrotada.

Solo la tradición mantiene la carpa del Ajanta en un mundo que va demasiado rápido por el impacto de las nuevas tecnologías.

"Estamos aquí por los nostálgicos. No tenemos esperanza de que el circo como modo de entretenimiento vuelva alguna vez a sus días de gloria. No pasará mucho tiempo antes de que se relegue a los libros de historia. El futuro es muy oscuro. No hay luz al final del túnel", aseguró Das.

"Pero el espectáculo debe continuar, mientras estemos vivos y nuestros artistas actúen por amor al arte. No queremos ser testigos de la muerte del circo", concluye.