El Vado, el tradicional y más antiguo barrio de Cuenca

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El Vado, el tradicional y más antiguo barrio de Cuenca

Nació como un caserío a 300 metros del río Tomebamba, allá por 1558. Hoy, es un sector pintoresco que fusiona arte, cultura, turismo y viejos oficios

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Paisaje. El barrio se ubica en lo que es hoy la calle La Condamine, que da a la calle Tarqui y limita con las Esteves de Toral, Mariscal Sucre y av. 3 de Noviembre.Jaime Marín / Expreso

El Vado, ícono turístico de Cuenca, donde se respira historia, tradición y ancestralidad, cubiertos por la esencia nativa de los primeros morlacos, tras la fundación de la urbe. Es uno de los barrios más antiguos de la capital azuaya, fundada entre 1557 y 1558, a 300 metros de la orilla del río Tomebamba.

Está ahí plantada una cruz, labrada en mármol, símbolo religioso de los viajeros que tenían que cruzar las aguas del río Tomebamba, cuando estaba crecido. La cruz fue empotrada por los conquistadores españoles en el humilladero de la barriada, elemento religioso que en 1881 fue reemplazado y colocado sobre un pedestal de cal y ladrillo, que da cuenta de la antigüedad del sector.

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El nombre de El Vado se debe a que, por ese sector, vadeaban, es decir cruzaban los habitantes de ese entonces hacia donde hoy es Girón, Santa Isabel y Machala.

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Herencia. Juan Gutiérrez sigue con la foja de cobre, como su bisabuelo.Jaime Marín / Expreso

En esa época también llegaban personas procedentes del Perú y cruzaban el río pisando las piedras que ahí existían, según Hernán Alvarado, nativo del sector.

Son algo más de 400 años que han pasado desde el origen del barrio, y como vestigios de su antigüedad, se hallan unas ocho viviendas que mantienen sus estructuras de bahareque, barro, adobe y teja sobre las cuales se admira unas cruces que tradicionalmente se colocaban sobre el tejado de las casas par ahuyentar a los malos espíritus.

Está también la casa donde nació el periodista cuencano Federico Proaño, en 1874, según una placa recordatoria del frontis de la estructura física levantada con técnicas ancestrales y que forma parte del patrimonio cuencano. Tiene muros de 50 centímetros de espesor, su fachada está cubierta íntegramente con mármol tallado.

Recorridos. Los turistas eligieron la capital azuaya para visitar y conocer algunas de las 17 iglesias que tiene su casco histórico.

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Las paredes de la planta baja son de adobe y las del segundo, tercero y cuarto pisos son de bahareque. Tiene estilo republicano con influencia francesa.

Al lado se encuentra la Casa Museo la Condamine, construcción que tiene más de 150 años, convertido actualmente en un portal de manifestaciones culturales, destinada a revivir las tradiciones cuencanas.

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Talabartero. Miguel Andrade Benavídez es parte de ese antiguo linaje de artesanos.Jaime Marín / Expreso

La Casa de la Lira es otra edificación antigua que es parte del inventario que le valió al Centro Histórico de Cuenca la declaratoria de Patrimonio Cultural de la Humanidad.

De acuerdo a Pablo Barzallo, exdirector municipal de Áreas Históricas, fue la casa donde el músico cuencano José María Rodríguez hizo sus primeras prácticas musicales, en 1859.

El edificio, en cuya fachada se halla el distintivo de una lira, fue restaurado en 2018, y destinado a actividades musicales y culturales.

El Prohibido, museo-café, arte extremo, forma parte desde 1996 del componente de El Vado. Está dedicado al apoyo y difusión de todas las manifestaciones culturales alternativas en sus diferentes géneros de expresión: música, teatro, pintura, escultura, video arte, etc., según el artista y mentalizador del proyecto, Eduardo Moscoso. Entre sus manifestaciones más conocidas están, la sexualidad, la muerte, los fetichismos, entre otros temas controversiales.

El Vado es el sitio de paso obligado de turistas y cuencanos para cruzar de la Cuenca antigua hacia la ciudad moderna, convertido también en el gran balcón de una de las urbes más turística del país.

Herederos de los primeros habitantes

En el pequeño territorio que comprende El Vado, hasta los años 1950 y 1960, se ubicaron las primeras panaderías de hornos de leña. También las barberías y talleres artesanales, como las de forja de cobre y de los tejedores de sombreros de paja toquilla; hojalateros y talabarteros. De ellos, por herencia: tercera, cuarta y hasta por quinta generación, mantienen el oficio en romance con el territorio que los acogió a sus parientes, habilidosos artesanos.

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Patrimonio. Viviendas antiguas conforman este barrio, considerado el primero de la capital azuaya.Jaime Marín / Expreso

Es el caso de Juan Gutiérrez, heredó de su bisabuelo el oficio de la foja de cobre, y se ha convertido en el último de los artesanos con ese arte en Cuenca. Está también Miguel Andrade Benavidez, heredó de sus abuelos el arte de la talabartería, y también es el último de los talabarteros que queda en Cuenca.

Ellos, Gutiérrez y Andrade, comparten el espacio del barrio con los hojalateros Milton Oviedo, Raúl Merchán y Wilson Durán, que elaboran aún utilitarios en hojalata, tales como cantarillas y baldes.

El paisaje se complementa con dos pinturas identarias relacionadas a la “Viuda del Farol y el Cura Sin Cabeza”, leyendas urbanas y que nacieron paralelo a la constitución del barrio, y un monumento al juego ancestral del Palo Ensebado.

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Arquitectura. El edificio, en cuya fachada se halla el distintivo de una lira, fue restaurado en 2018, y destinado a actividades musicales y culturales.Jaime Marín / Expreso

Las panaderías, las barberías y las sombrererías, han desaparecido, pero han dejado escrito historia y tradición, que refleja la vida de uno de los cuatro barrios más antiguos de Cuenca, ubicado en lo que hoy es la calle La Condamine, que da a la calle Tarqui, y limita con las calles Esteves de Toral. Mariscal Sucre y avenida Tres de Noviembre.