Monserrat Creamer: "No tolero una vida plana y sin emociones"

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Monserrat Creamer: "No tolero una vida plana y sin emociones"

La ministra de Educación resultó ser una caja de sorpresas, una mujer cargada de romanticismo, nostalgia y amor por el presente.

Monserrat Creamer
Monserrat se especializó en Educación en universidades de España, Estados Unidos y Ecuador.Karina Defas

"¿Qué parte de mí querrá sacarme?", preguntaba intrigada y con una sonrisa la ministra de Educación, Monserrat Creamer, quien hace 40 años empezó su carrera en la comunicación, algo que finalmente dejó para dedicarse a la docencia y la enseñanza. Tras indicarle que exploraremos otras aristas de su fascinante mundo, aceptó responder a El Cuestionario de EXPRESIONES.

Quienes la conocen dicen que es una mujer confiable, trabajadora y muy educada. 

Soy muy educada porque si quiero ser la ministra de Educación, imagínese no serlo (sonríe).

¿Sonreír es algo innato en usted?

Sí, es mi forma de decirle sí a la vida con lo que venga, tristezas y alegrías. Y hay que hacerlo siempre con una sonrisa que significa esperanza y apertura.

¿Es cierto que su lema de vida es sumar y transformar?

Así es y también el de ‘un día a la vez’. Me gusta vivir en tiempo presente, ni pasado ni futuro.

¿Cuáles son las cosas que suman en su vida?

Suman todos los afectos y el cariño de las personas cercanas que lo necesiten y lo pidan y que yo, además de poder compartir, también pueda recibir.

¿Y aquella niña nacida en Venezuela, hija de padres ecuatorianos, en qué se ha transformado?

Como diría Pablo Neruda, confieso que he vivido. He tenido una vida maravillosa, con una metamorfosis permanente, con momentos de dolor pero que me permitieron abrir las alas. Tuve el chance de vivir muchas vidas en una sola, con lo que logré ser más empática con la gente y asumir desafíos por esta causa.

Cuatro hijos y seis nietas...

Sí, seis nietas, en mi casa prima el matriarcado, la mujer tiene un lugar especial.

¿Y es de las abuelas que prepara coladas y cuenta cuentos?

Me encantaría, pero la vida hizo que fuese abuela cibernética porque mis seis nietas viven fuera. Son una belleza, por supuesto, me agradaría hacerles colada y peinarlas. Lastimosamente no viven aquí, así que nos vemos todos los días por ‘face time’.

¿Qué se siente llevar sobre sus hombros la mochila de la educación de este país?

Luego de suspirar, puedo decir que es un reto maravilloso, difícil, humanizante. Es a ratos doloroso y también a ratos glorioso.

¿Y en la mochila del día a día qué lleva Monserrat?

Esperanza, anhelos y deseos de lograr muchas cosas y eso da un sentido de urgencia. Por el hecho de haber vivido varias décadas tengo mucha valoración y sentido del tiempo y espacio.

Es difícil imaginarla con un rojo en la libreta.

Hasta el bachillerato fui una estudiante regular, pasaba por debajo de la puerta para que la profesora no me vea, me gustaba pintar, la literatura, las humanidades. En la universidad fui buena estudiante, no por las notas, sino porque me gustó leer y estudiar.

¿Nunca experimentó el acoso escolar?

No me acuerdo que nos dedicáramos exclusivamente a hacer sentir mal a alguien, no recuerdo tampoco temas de anorexia ni depresiones. Teníamos tristezas y alegrías como todo niño, pero no un problema psicológico tan marcado.

Usted me dijo hace un momento que le gusta vivir en presente, pero si tuviera la oportunidad de viajar en el tiempo, ¿en que época viviría?

En la historia de la humanidad me hubiese fascinado estar en un ánfora griega conversando con Sócrates o estar en la Atenas de Acrópolis o en el siglo XIX con todo el romanticismo.

¿Usted ha amado intensamente o se ha dejado amar?

Las dos cosas. He amado tan intensamente que cuando era joven me daba fiebre, lloraba cuando no me hacían caso, pero ocurrió muy poco (risas), los identificaba y los dejaba ir. Transformé con el tiempo ese amor en algo profundo y en puerto fijo.

Monserrat Creamer
Monserrat se mostró relajada y distendida durante su encuentro con EXPRESIONES.Karina Defas

Si le dijeran que solo le quedan 24 horas de vida, ¿qué haría?

Vivir intensamente con mis seres queridos y repetirles mil veces que los quiero por lo que me han dado en la vida. Les diría a esos niños estudiantes que son importantes para mí, que no se detengan, que no pierdan la capacidad de soñar y le daría un fuerte abrazo a mi marido... ya me voy a poner a llorar.

¿Riqueza o belleza?

Cuando uno se siente próspero y rico interiormente, creo que irradia una belleza natural.

Si pudiera desaparecer algo del mundo, ¿qué sería?

La mentira, el resentimiento y el temor porque trae al odio.

¿Qué fue lo último que la hizo llorar?

Su pregunta de las 24 horas. No, la verdad es que varias escenas de la pandemia como la desesperanza en la mirada de un niño, esa que habla de dolor y angustia.

¿Preferiría una vida de puro sexo sin dinero o toda la plata del mundo sin tener sexo?

Ninguna de las dos (risas). Qué aburrido si tengo que escoger cualquiera de las dos. El aburrimiento mata todo. Yo prefiero una vida en la que pueda brindar por la salud, el dinero, el amor y el tiempo para disfrutar.

Me fascinaría perderme en un bosque, pero yo soy un poco miedosa porque mi imaginación vuela y pienso que los árboles tomarán vida y habrá alguien detrás. Prefiero la playa que es horizonte abierto y están el cielo y el mar juntos".