Rosario Lira: “Somos un mosaico en constante restauración”

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Rosario Lira: “Somos un mosaico en constante restauración”

En su emprendimiento enseña a crear objetos con azulejos no solo con fin artístico sino como una terapia para curar todo lo que afecta a cuerpo y mente

Rosario Lira
Rosario Lira.Cortesía: @zaky.Monroe

El 31 de octubre de 2008, los días de la chilena Rosario Lira dieron un giro de 360. Un accidente en la ciudad de Santiago la había dejado en coma por varios días. Sin embargo, tras despertar empezó su nueva realidad.

Previo a aquel episodio, que la tuvo entre la vida y la muerte, Rosario cuenta que dedicaba horas de sus días a trabajar en el área de comunicación de una empresa, y no fue hasta el momento de ese quiebre personal que empezó a explorar su lado artístico con el mosaico.

Cuando conversa sobre ese primer encuentro con el arte dice que luego de ocho meses de asistir al taller se dio cuenta de que no solo había logrado hacer obras sino sanar las secuelas de aquella experiencia vivida.

“Durante esos meses de práctica pude restaurar todas mis capacidades visomotoras. E incluso, episodios que no recordaba por el estado en coma. Siento que el accidente fue un choque a mi alma, me fragmentó, pero decidí recomponerlo. Ahora es una nueva obra. Es un alma hecha de fragmentos de experiencias”, agrega.

Seis años después, en el 2014, Rosario empezó a formarse profesionalmente para poder transmitirlo a más personas. Aprendió técnicas de tal forma que quien acudía a ella tenía dos opciones, aplicarlo como arte ya sea sobre mesas, cuadros, marcos de espejo, o en lámparas. O practicarlo como una terapia para explayar emociones, autodescubrirse y sanar a través de todo ese proceso de unir azulejos.

Así fue encontrando su nueva misión. Cada fin de semana se iba ampliando su comunidad, con una acogida que la hizo poner su vida laboral en la balanza. En el 2021, tras veinte años de trayectoria en áreas de comunicación y relaciones públicas en empresas de viajes, inmobiliarias y constructoras, decidió cerrar capítulo y renunciar a trabajar bajo dependencia.

“Después de la pandemia, sentí que ese trabajo no era lo que yo quería para el resto de mis días. Yo quería aportar a las demás personas”, recuerda, y dice que aquel ímpetu de servir está en su ADN, pues viene de una familia donde su mamá es psicóloga. “De alguna manera fue mi primera maestra en ayudarme a mantener el equilibrio. Entonces no encontré mejor momento que este para ayudar”.

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.Cortesía @zaky.Monroe

Su camino en Ecuador

A veces desde un espacio de su casa, y otras, en un taller, Rosario ha venido impartiendo este arte desde su ciudad natal, Santiago. “Al principio no le había puesto precio, les decía que paguen la voluntad de ellos. Y luego ya comencé a organizar mejor las cosas”, dice.

Así nació su emprendimiento. Explica que las sesiones las dicta a personas de todas las edades (desde niños hasta adultos) que quieran verlo como un arte o una terapia para sanar problemas físicos o emocionales provocados por diferentes contextos: accidentes, depresión, problemas de autoestima, autismo, etcétera.

“En niños, por ejemplo, los azulejos ya se los da listos, para que armen el mosaico como si fuese un rompecabezas. En adultos, en cambio, sus herramientas básicas serán la tenaza y, la piedra de pulir para que ellos mismos den forma al azulejo y expresen sus emociones en la obra que ellos quieran”.

Si bien en Chile, la mosaicoterapia ya está asentada, Rosario empezó a ver otros caminos para compartir lo aprendido. “Había estado averiguando en México y Perú, hasta que una amiga ecuatoriana me dijo que la acompañe a su país y entonces aproveché para ver las opciones de trasladar este proyecto. Así estuve un mes y medio recorriendo Cuenca, Quito y Guayaquil, y me encontré con un país con potencial para esto”, confesó.

Es por eso que piensa retornar. “Veo la opción de enseñarles esta técnica para que emprendan, de tal forma que hagan objetos artísticos, decorativos o utilitarios y los pongan a la venta, o si no, que lo vean como una terapia que vale la pena probar”, precisa. Es así que a mediados de mayo viajará nuevamente a Ecuador.

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.Cortesía

Uniendo fragmentos para sanar

Del impacto positivo que tuvo este arte en su historia personal ha ido también descubriendo los beneficios que aporta en la vida de los demás.

“Por muy sanos que estemos, todos tenemos una mochila o una historia que contar. Y eso es lo que yo quiero ayudarles a expresar. No vengo a reemplazar a una terapeuta, me veo como un bálsamo en esa dificultad que presentan”.

La técnica del mosaicoterapia la combina con el Kintsugi, un arte japonés que consiste en reparar una cerámica rota. “Esa restauración no solo es más valiosa monetariamente sino más resistente. Ello ha hecho que metafóricamente se lo relacione con la vida misma. Es decir, mostrar con orgullo que las señas del pasado nos embellece, enriquece y fortalece aún más”, explica.

Con esta combinación de técnicas ayuda a que las demás personas abracen sus grietas. “Somos un mosaico perfecto e inacabado en constante recomposición”, dice. De esta forma, cada uno va creando su propia obra con fragmentos de azulejos, vistos como las piezas rotas de su vida que debe unir para sanar. Una obra que luego la muestran con orgullo y están listos para mirar al futuro, pero respetando y curando el pasado.

  • Fotos: Zaky Monroe (IG: @zaky.Monroe).
  • Producción: Alejandra Cereceda (IG: @alecereceda83).
  • Maquillaje: Olga Bermeo (IG: @olgabermeomakeup).
  • Peinado: Víctor Nole (IG: @victornolestyle).
  • Vestuario: Boomcrush (IG: @boomcrushop).