A quienes aspiran llegar al sillón de Olmedo

  Cartas de lectores

A quienes aspiran llegar al sillón de Olmedo

Siempre y cuando quieran representar la renovación que necesita la ciudad y no más de lo mismo.

En los próximos meses la temperatura electoral por captar la Alcaldía de Guayaquil se calentará cada vez más. En Guayaquil saldrán uno tras otro los candidatos para estrechar la mano, abrazar y hasta besar a la gente, principalmente en áreas periféricas. Pero todos los aspirantes a ocupar el sillón de Olmedo en sus ofertas de campaña no pueden ignorar que la ciudad vive actualmente una grave crisis de seguridad y de ética pública, grave y profunda. Desafortunadamente, esta ciudad, que años atrás fue reconocida en el mundo como un referente de transformación y de innovación, hoy se encuentra reducida a una metáfora de todo lo que está prohibido en política: el poder en las manos de quienes lo utilizan para ventajas personales y el aprovechamiento de unos clanes políticos.

Frente a lo que pasa en Guayaquil, cualquiera de los aspirantes que pretenda presentarse como la esperanza y alternativa no puede permitirse el lujo de ignorar los graves problemas que padece la ciudad, en especial la inseguridad que agobia a sus habitantes, y quedarse callado, sin declararse públicamente en seria oposición a las malas prácticas políticas. Quienes aspiran llegar al sillón de Olmedo motivados por un deseo de promover el desarrollo de la ciudad y el bienestar colectivo, no pueden hablar de ética pública si van en alianzas con quienes encarnan el sistema corrupto y clientelista de la política tradicional. Hoy es importante dar una señal de ruptura con las prácticas tradicionales de la vieja política, porque la ética pública y los serios desafíos que tiene Guayaquil no pueden ser el corolario de una agenda, un tema de oferta más; debe ser el eje central de toda una propuesta programática y tiene que reflejarse en el comportamiento de un candidato. Hoy uno esperaría que los aspirantes a la Alcaldía tengan la misma claridad y el coraje que tuvo Febres-Cordero hace tres décadas como alcalde de Guayaquil. Siempre y cuando quieran representar la renovación que necesita la ciudad y no más de lo mismo.

Ec. Mario Vargas Ochoa