Mirar al campo

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Mirar al campo

En ocasiones preferimos caer en las trampas de las etnias, del folclor y la cultura, y así se ha atendido, y no muy bien del todo si nos atenemos a los resultados, a una educación intercultural

Nunca hemos entendido por qué en un país con tanta vocación agrícola y con una historia y un desarrollo permanentemente vinculados a los frutos de la tierra, no se ha generado entre nosotros una fuerte educación rural, agropecuaria, que vaya directamente a atender las necesidades y proyecciones de nuestros campos, de nuestra ruralidad.

En ocasiones preferimos caer en las trampas de las etnias, del folclor y la cultura, y así se ha atendido, y no muy bien del todo si nos atenemos a los resultados, a una educación intercultural. ¿Acaso es tiempo de reenfocarlo, de atender el mundo rural del Ecuador en todas y cada una de sus regiones? Así no solo saldríamos del discrimen, de atender a unos y no dar la debida atención por ejemplo: al cholo, al montuvio, al negro.

Miremos la educación rural con criterios modernos y tecnológicos, capaces de entregarle a quienes siembran la papa, la flor, el banano, el tomate, el cacao, etc., las herramientas intelectuales suficientes para darle forma a esa vocación, a esa entrega a la tierra, a ese enlace con la comunidad que por ahora falta.

Insistir en la interculturalidad bilingüe tiene sentido político y de esto pueden dar fe los dirigentes indígenas, pero si nos atenemos a las entrevistas que en radio y televisión se hacen a cada momento a representantes de esas culturas, es muy poco lo que se ha conseguido en capacidad comunicadora, en organización del pensamiento, en expresión verbal; por tanto, insistimos, a lo mejor es momento para girar con un enfoque socioeconómico y de desarrollo a atender a nuestro mundo rural.

¿Escuelas y colegios agropecuarios en cada uno de nuestros recintos, cantones o parroquias que sean capaces de preparar al hombre como persona, sujeto de su propio desarrollo, y que al mismo tiempo conecten al individuo con la modernidad que el siglo XXI entrega para la atención y cuidado de los campos, y con un agregado adicional de amor a la tierra, acaso frenarían la fuga hacia las grandes ciudades y la búsqueda de oportunidades que cada quien bien pudiera alcanzar en su tierra?