Columnas

Basta ya del centralismo absorbente

"El Ecuador necesita un cambio radical en su estructura. ¿Sueño, utopía ? Póngasele el nombre que se le ponga, pero es vital una autonomía económica, no solamente de Guayaquil sino de todo el país"

La celebración de los 200 años de Independencia de Guayaquil, efectuada en medio de la pandemia que nos azota , nos permite expresar una vez más que esta ciudad es legítima heredera de la libertad con la que la inflamaron los autores de la “aurora gloriosa que anuncia libertad” en la madrugada del 9 de Octubre de 1820 en la Fragua de Vulcano. 

Allí está Guayaquil festejando su gesta heroica con la inauguración de obras que permiten su desarrollo material y agranda la autoestima de sus habitantes.

Allí está exhibiendo su política financiera que le permite ejecutar obras sin necesidad de sacarle la plata a los pobres, como acontece con el centralismo depredador que convierte al Estado en uno fallido y corrupto. 

El Ecuador necesita un cambio radical en su estructura. ¿Sueño, utopía? Póngasele el nombre que se le ponga, pero es vital una autonomía económica, no solamente de Guayaquil sino de todo el país. 

La pandemia de COVID-19 ha demostrado que todos los fondos recaudados por el país se van a Quito, para de allí devolverlos por gotas, o para nada devolver a sus legítimos dueños. Por esta política centralista vemos cómo los consejos cantonales, las prefecturas provinciales, las juntas parroquiales, instituciones del sector privado que prestan invalorables servicios a la comunidad, como Solca, por ejemplo, y centenares de organismos más, se ponen mendicantes a rogar que les devuelvan “su plata,” o tienen que acudir a amparos constitucionales para que la justicia ordene tal cosa, sin que se logre resultado alguno porque no hay peor sordo que el que no quiere oír... Esta es una reforma que interesa al país todo, porque el centralismo absorbente perjudica a todas las provincias del Ecuador, incluso a la de Pichincha. 

Luchar contra el centralismo es tarea de todos. Los “ políticos “que aspiran a las primeras magistraturas y las curules legislativas deben debatir este problema con altura para que demuestren que piensan servir al país y no servirse de él...

Candidatos y “candidatas”, tienen la palabra.