Columnas

La pandemia de plástico

"A menudo se describe al COVID-19 como una crisis repentina. De hecho, algunos dicen que era un riesgo conocido que las autoridades prefirieron ignorar"

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La pandemia de plásticoTeddy Cabrera / Expreso

No se puede negar que el plástico de un solo uso ha sido un elemento crucial en el combate contra el COVID-19, en especial para los trabajadores sanitarios de primera línea. También ha facilitado la adherencia a las reglas de distancia social, al hacer posible la entrega a domicilio de productos básicos, sobre todo comida. Y puede haber ayudado a limitar la transmisión, al reemplazar los vasos de café y las bolsas de compra reutilizables en muchas ciudades debido al temor de que el virus pudiera desplazarse con ellos. Pero la gran difusión de imágenes de sacos de plástico llenos de desechos médicos acumulándose afuera de los hospitales y equipos de protección personal flotando en las playas del planeta, nuevamente ilustran el lado oscuro del plástico de un solo uso. Si no prestamos más atención, el pensamiento cortoplacista durante la pandemia podría conducir a calamidades ambientales y de sanidad pública incluso mayores en el futuro. Sin dejar de cumplir imperativos de la pandemia, no podemos perder de vista otros retos de largo plazo (y quizás mayores) a los que se enfrenta la humanidad, entre los que se encuentran los riesgos sanitarios y ambientales generados por el exceso de desechos plásticos. Las compañías a todo lo largo de la cadena de valor del plástico, de fabricantes a minoristas, deben demostrar su compromiso con el bienestar y la salud pública mediante la ampliación y la aceleración de sus iniciativas para acabar con la basura plástica. Aquellos que se pongan a la altura del reto de ser la vanguardia ambiental a través de la creación de una economía circular disfrutarán de una abundante cosecha de confianza pública y rentabilidad por muchos años. Los gobiernos deben reconocer la función crucial de los servicios de gestión de la basura y sus trabajadores en la transición a un futuro sostenible, y asignar los fondos para la lucha contra COVID-19 de manera que tenga en cuenta este factor. Tales esfuerzos deberían avanzar para el logro de varios Objetivos de Desarrollo Sostenible, como el ODS 11 (que las ciudades cuenten con una gestión eficaz de sus desechos), el ODS 12 (reducir la generación de desechos mediante la prevención, la reducción, el reciclaje y la reutilización) y el ODS 14 (reducir todo tipo de polución marina). Pero no siempre los gobiernos pueden hacerlo solos. Muchos países en desarrollo carecen de infraestructura de gestión de desechos adecuada. Hoy, cuando la crisis del COVID-19 resalta la necesidad de la acción en conjunto, es el momento de cambiar eso. A medida que se vaya recuperando la economía global, las agencias de ayuda, los bancos de desarrollo y las ONG deberían invertir en sistemas eficaces de gestión de los desechos. Además de ayudar a evitar que la basura plástica llegue a nuestros océanos, esos sistemas pueden proporcionar trabajos decentes y mejorar los medios de vida de la gente, generando economías más sólidas y sostenibles en el largo plazo. Lo último que necesita el planeta es que se siga haciendo caso omiso de otras amenazas bien conocidas. Las alarmas de advertencia sobre la basura plástica han estado sonando alto y claro por décadas.