El arma de Chejov

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El arma de Chejov

Nosotros, los ecuatorianos, tenemos en nuestra vida política una historia muy loca, con tintes de drama y comedia con mucho cinismo

En el otoño de 1889 el dramaturgo y escritor ruso Antón Chejov en una carta dirigida a su amigo el escritor Aleksandr Semiónovich Lázarev le describió, entre muchos otros consejos, las herramientas narrativas indispensables al momento de hacer que una historia sea verosímil y tenga sentido al lector. Chejov le hace entender la idea de que si en el primer capítulo de alguna hipotética historia describe la existencia de un arma, esta tiene que ser disparada en los capítulos siguientes, si no, este elemento tiene que ser eliminado de la historia porque es intrascendente para la trama.

Es en esta arma hipotética descrita por Chejov donde se encierra la idea de que un elemento superfluo e innecesario no debe existir en una trama, donde cada elemento citado tiene que tener una función imprescindible para el desarrollo de una historia.

Nosotros, los ecuatorianos, tenemos en nuestra vida política una historia muy loca, con tintes de drama y comedia con mucho cinismo, donde salvo algunas excepciones, desfilan partidos y movimientos sin ideología o de alquiler. Por ejemplo, agrupaciones electorales con candidatos sin cordura, ideología ni criterio, en medio de promesas vacías y ridiculeces mediáticas, candidatos elegidos en la mayoría de casos a dedo por los “dueños” de las plataformas electorales, sin ningún tipo de democracia interna.

En esta novela política, sin el marco institucional y representativo adecuado, las elecciones se convierten en una obra tragicómica, donde un voto es un aplauso, una recompensa a quien cuente el mejor chiste o la mejor mentira. Un escenario en donde los ciudadanos y ciudadanas lejos de ser protagonistas somos relegados a personajes secundarios y donde la democracia al igual que el Arma de Chejov es convertida en un elemento narrativo innecesario e irrelevante en la trama política nacional, libre de ser borrada por alguien que desea secuestrar el sistema, libre de ser borrada por alguien que se autoproclame “refundador de la patria’’, libre de ser borrada por alguien que se autoproclame ‘’escritor de nuestra historia’’.