El Hipopótamo

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El Hipopótamo

Aquel 18 de septiembre de 1838 se realizaba el primer intento de navegación submarina en América del Sur

No era una mañana cualquiera. Aquel 18 de septiembre de 1838 se realizaba el primer intento de navegación submarina en América del Sur. Ese día había un remolino de ciudadanos y autoridades, curiosos y atónitos en el malecón de Guayaquil observando hacia la orilla opuesta, del lado en que ahora es Durán (cuna de la navegación submarina y que hoy no tiene agua), a aquel hipopótamo hecho con madera y metal, construido más con sueños que recursos. El submarino era operado por su creador, un joven oficial llamado José Rodríguez Labandera, y sus ayudantes. Fue remolcado río adentro con dificultad, aunque la dificultad no era obstáculo para aquel soñador egresado de la Escuela Náutica fundada por el general Juan Illingworth Hunt, a quien desde niño le tocó una vida dura, pero que supo ver en los estudios y la investigación una ventana gigantesca de superación personal. Construir aquel Hipopótamo, como se lo llamó al submarino, no fue empresa fácil. A Rodríguez Labandera le tocó buscar recursos en una ciudad que había sido diezmada por las guerras de independencia y desangrada financieramente por los ejércitos comandados por Bolívar, quien solo profirió desprecio por la ciudad, llegando a decir: “una ciudad con un río no hace un país’’. Bolívar se equivocó. Aquella ciudad tenía y tiene mucha fuerza de voluntad y con una colecta se logró reunir una pequeña pero valerosa ayuda para que el joven oficial pudiera emprender la hazaña. La corriente no le permitió avanzar más aquel 18 de septiembre y en diciembre lo intentó otra vez. El submarino fue bien diseñado, pero al final, sin el apoyo del gobierno central, el proyecto no pudo seguir y quedó varado en la orilla.

Rodríguez Labandera no paró de soñar, dedicó su vida a la invención, logró realizar el primer taller de prótesis para heridos de guerra, siendo el creador de la primera pierna artificial articulada. Él representa el espíritu que nos debe servir de ejemplo en cada generación: hay quienes aceptan el reto de seguir el ejemplo de aquel que decidió pasar la llama de la superación y no venerar las cenizas del fracaso y del difícil entorno que le tocó vivir.