Columnas

¿Es posible otra ciudad?

Vivimos en una ciudad en donde se destapan sendos escándalos, como los 12 contratos de limpieza y el proyecto Letras Vivas, hasta los de publicidad municipal actuales, siempre reseñados por Expreso., pero que desde la Administración de Justicia nunca se aclaran y sancionan a sus usufructuarios. No interesa comentar la actual gestión municipal que denigra a la condición femenina sino reflexionar en el sentido más positivo en un aporte al desarrollo de nuestra ciudad.

El modelo de desarrollo urbano y administración municipal impulsado desde 1992 nunca tocó y resolvió los problemas reales e históricos de Guayaquil, que desde 2020 se agudizaron y manifestaron como consecuencia de la pandemia de COVID-19, expresándose en mucho más desempleo e informalidad, más desigualdades e inequidad, mayor inseguridad y delincuencia, más segregación socio-residencial, entre otras complicaciones para la convivencia citadina que no se pueden ocultar con la apabullante publicidad iniciada desde el último faraón del trópico con su monumento funerario, Malecón 2000. Guayaquil merita un mejor futuro y destino para todos sus residentes sin discriminación alguna, abogamos por el derecho a la ciudad sin exclusión. Hoy que conmemoramos un año más de su fundación urbana creemos y debemos plantear qué es “el derecho a la ciudad”, en un contexto histórico donde la mayoría de la humanidad vive en ciudades, en desigualdad y pobreza, en una economía mundial capitalista y neoliberal.

El derecho a la ciudad es un nuevo derecho humano y reivindicación social que también se ha transformado en una exigencia política, como en Chile o Colombia, que aboga que las urbes sean para la gente y no solo para negocios, o para maquillajes urbanos. Este derecho exige que haya otras políticas públicas y protagonismo de la planificación urbana que permitan construir una sólida ciudadanía, fomente la participación social, exija la transparencia de las intenciones y acciones de los actores urbanos y la rendición de cuentas de los sujetos políticos. Por eso creemos y abogamos porque otra ciudad sí es posible.