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Jerusalema

"El hombre es un animal social que, para lograr una realización plena, requiere de socializar e interactuar en comunidad. Solo así podríamos entender manifestaciones espontáneas como bailar alrededor de una canción sudafricana de ritmo pegajoso..."

Jerusalema es una canción de ritmo góspel-house-dance producida por los sudafricanos DJ Master KG y la vocalista Nomcebo, cuya letra, en el sudafricano idioma zulú, alude a la Jerusalén celestial ilustrada en los versículos del libro de la Apocalipsis. Su ritmo y letra, en estos tiempos de coronavirus, han significado un símbolo de la empatía humana y se han convertido en una tendencia mundial representada por miles de videos en redes sociales que evocan una celebración de la vida.

La empatía es aquella capacidad que tenemos los seres humanos para lograr entender los sentimientos de terceros con el objeto de ayudar y/o simplemente solidarizarse con esas personas o, dicho en otras palabras, la empatía es lograr ponerse en los zapatos del otro. Es considerada hoy en día como una de las habilidades humanas más relevantes para vincularse socialmente. Se la conoce también como inteligencia emocional y resulta ser tanto o más importante que el coeficiente intelectual.

A ‘contrario sensu’ la praxis política del populismo colectivista -respondiendo a una estrategia para tomar y conservar el poder- busca polarizar la sociedad. Con el objetivo de buscar chivos expiatorios a quienes responsabilizar de la pobreza generada por sus políticas fracasadas, culpan a entelequias como el imperialismo, los ricos, los pelucones, los explotadores, los oligarcas o los inmigrantes. Así tenemos una variopinta gama de sociedades ahogadas en el engendro populista-colectivista, que van desde las tradicionales Cuba o Venezuela, pasando por las comprometidas Argentina o Bolivia, para terminar en la América trumpista o la España socialista. Basta observar los recientes sucesos políticos y encontraremos una recurrente incitación a la polarización social; ya sea en el asalto al Capitolio americano por parte de folclóricas turbas manipuladas o en el discurso “catastralmente” demagógico de los ridículos candidatos progresistas criollos, que propone barrabasadas y se enredan en su propia lengua.

Como sostendría Aristóteles 2.400 años atrás en su libro Política, el hombre es un animal social que, para lograr una realización plena, requiere de socializar e interactuar en comunidad. Solo así podríamos entender manifestaciones espontáneas como bailar alrededor de una canción sudafricana de ritmo pegajoso y ser felices compartiéndola con el mundo. La polarización social con fines políticos denota lo más ruin de la política y solo puede provenir de bazofia humana, pura y dura.

Hace 70 años se estrenó la maravillosa película Harvey, donde el personaje principal Elwood P. Dowd era una persona afable cuyo mejor amigo era un conejo imaginario llamado Harvey. Quisiera dejarles, a manera de epílogo, la que en mi opinión es la mejor línea de la película, expresada inocentemente por Elwood a su doctor, pero que representa fielmente a aquellos que estamos en la permanente búsqueda de la felicidad: “…años atrás mi madre solía decirme: En este mundo, Elwood, debes ser -ella siempre me llamaba Elwood- en este mundo, Elwood, debes ser o tan inteligente o tan agradable. Bueno, durante muchos años fui inteligente… ahora recomiendo ser agradable. Puedes citarme en esa…”.

¡Hasta la próxima!