Semáforos dañados

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Semáforos dañados

¿No será que la simplificación, la focalización, el encuadre que este tipo de figuras proveen a la narrativa pública deberían ser capitalizados? Es a veces la cacofonía la reina del caos

Cuando el gobierno anterior planteó durante la crisis de COVID-19 el sistema de semáforos, quedé gratamente sorprendido y entusiasmado. Tanto que me llama la atención que no haya sido esa una estratagema más usada en otros lados.

Rara vez el liderazgo político -o dicho sea de paso el liderazgo en general- encuentra tan buenas imágenes para comunicar su afán. Desde un punto de vista semiológico, el semáforo es claro, tiene sentido claro, gradación, es comprendido por igual en virtualmente toda la población, pero además, es supremamente flexible.

Permite asociar aliados y detractores con imágenes claras, asociar hitos de tiempo y un sentido de la intención. Condiciona así con fácil interpretación la narrativa pública.

La oportunidad a manos de los líderes con esas imágenes era inusitada. Ayudaron las mismas a guiar una salida ordenada de la parte más álgida de la crisis, pero quedaron luego en desuso. ¿Qué hubiera sido de los municipios si hubieran seguido compitiendo entre ellos para lograr la mayor eficiencia posible en su reactivación segura? ¿Qué sería de nuestro país, nuestras ciudades y entornos directos si asumiéramos claramente con el semáforo algunas metas mínimas de convivencia y cooperación? De prosperidad, incluso de identidad común, digamos. Agreguemos ya, si queremos ponernos exquisitos, algunas metas de resolución de conflictos o de problemas complejos, coloreados en rojo para ser tratados como tales de común acuerdo.

A título de caricatura, si la seguridad, el subsidio a los combustibles y la desnutrición crónica infantil fueran los tres semáforos verdes por los que queremos transitar y todo el resto fueran amarillos y rojos, ¿sería viable nuestra sociedad? Que no sean tres, que sean cinco verdes.

¿No será que la simplificación, la focalización, el encuadre que este tipo de figuras proveen a la narrativa pública deberían ser capitalizados? Es a veces la cacofonía la reina del caos. Controlarla no puede ser cuestión de coerción sino de inteligente ponderación de los símbolos e imágenes con los que las personas adhieren libremente.