Columnas

Parálisis forzosa

'Países y familias han debido recurrir al autoaislamiento, evitando replicar el virus provocante de la pandemia. Esta circunstancia nos ha enseñado que dependemos de nosotros mismos’.

El Ecuador y el mundo están paralizados. Un desafío para la ciencia médica y una dura prueba para la humanidad, atrapada en un desenfrenado consumismo, en privilegiar placeres mundanos, personas buscando figurar, olvidando lo prioritario, las conductas, las actitudes dignas ante y durante la vida, que el ser se antepone al tener, nada enriquece más que los intangibles placeres del espíritu, una conciencia tranquila, sin tormentos.

Países y familias han debido recurrir al autoaislamiento, evitando replicar el virus provocante de la pandemia. Esta circunstancia nos ha enseñado que dependemos de nosotros mismos, cuidar nuestras vidas y no poner en riesgo la de los demás; que somos parte de un colectivo social, al que debemos respeto y solidaridad. Un diminuto parásito ha hecho ver al mundo lo frágil de la existencia humana y la importancia que tiene la salubridad.

Nos corresponde a todos colaborar, a las autoridades probar que las políticas de salud no son parte de un discurso político ni de un sistema de corrupción, que las denuncias de repartos de cargos y repugnantes negociados en la compra de medicamentos, se las investigará y sancionará. Esta emergencia establecerá la capacidad de respuesta de la infraestructura sanitaria que posee el país, algunos ecuatorianos han evidenciado la falta de disciplina y responsabilidad nos caracteriza.

Las dificultades traen aparejadas oportunidades, después de la tempestad viene la calma, por lo pronto, el medio ambiente está más oxigenado. No es momento para ser críticos, pero es censurable la ausencia de una autoridad de salud o de algún especialista en la materia, como lógico vocero oficial y terapéutico en estos momentos. Cuando se recobre la normalidad, este gobierno, que está por terminar su mandato, está compelido en diálogo abierto, a dejar al menos trazada una ruta para que el próximo a elegirse nos reencuentre con una institucionalidad democrática regenerada, una justicia confiable y ojalá con un líder patriota que ponga fin a gobiernos que usan el poder como botín a repartirse entre parientes, amigos y comensales o lisonjeros de turno.