¿Poder sin límites?

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¿Poder sin límites?

La tecnología hoy en manos de un individuo cualquiera le otorga un poder inimaginable, poniéndonos en la mesa la discusión de su derecho a usarla’.

Hace pocos días se me heló la sangre cuando mi hijo me leyó una nota que relataba, con bastante buena estructura gramatical, mi supuesta participación en la Revolución sandinista. La nota tenía datos fidedignos sobre mi vida, mi presencia en Centroamérica en los años ochenta y otra asociación de hechos públicos verificables, todo lo cual permitía al lector tener razonable confianza sobre su texto.

Al preguntarle sobre el origen, me comentó que se trataba de una aplicación de inteligencia artificial de acceso sin restricción. Se le proveía, por ejemplo, el nombre del sujeto y el supuesto hecho que había realizado, y el programa desarrollaba el texto. Tomaba datos reales sobre la persona, lugares, etc., y conducía las conclusiones hacia el hecho que se le instruía como cometido, haciéndolas parecer creíbles. De hecho, lo había realizado en cinco segundos, mientras íbamos camino a la oficina.

Si antes alguien requería variadas fuentes de información y tiempo para armar un acto de daño moral, hoy puede hacerlo literalmente en segundos, volviéndolo viral a través de redes sociales, trasladando de esa manera un poder enorme a cualquier individuo. Es entonces donde surge el conflicto sobre la libertad de expresión y la verdad de lo expresado. Entre lo expresado y la responsabilidad de quien lo expresa, cuando quien lo hace puede permanecer oculto o mimetizado detrás de una fachada.

Imaginemos qué capacidad de defensa tiene un individuo, frente a la opinión pública, respecto de un torrente de información de diversos orígenes que se producen violentamente, generando por sí misma dicha información una huella equivocada. ¿Debe entonces limitarse la posibilidad de expresión, existiendo una especie de censura previa general? A priori pienso que no, sigo pensando que la libertad de expresión y su publicación por medios modernos tiene muchos más beneficios que el posible daño de permitirla. Quizá sea la misma tecnología la que en algún momento nos permita derribar esos misiles de mentiras.

De lo que estoy totalmente seguro, es de que muchísimo de lo que leemos hoy, nunca existió.