Perdimos

  Columnas

Perdimos

Tal vez el país respire pronto, pero ya perdimos. Primero, porque hay un sector vital de nuestro tejido social que exige derechos pisoteando otros y luego sale bien librado...’.

El paro convocado por las nacionalidades indígenas cumple hoy su undécimo día de caos y desabastecimiento. Día 11. Históricamente, los paros golpistas son efectivos si duran poco. Guillermo Lasso podría sobrevivir a la primera intentona real de sus opositores. La primera.

Recordemos: tras dos días de protestas, Abdalá Bucaram fue derrocado en 1997. Jamil Mahuad soportó 11 días así antes de ser destituido en 2000. A Lucio Gutiérrez lo echaron tras 7 jornadas de revuelta “forajida” en 2005. Y el 2019 a la Conaie le tomó 11 días quebrar la resistencia de Lenín Moreno, a ritmo de incendios y saqueos. No lo tumbó porque no hacía falta: lo hizo su rehén…

Van 11 días esta vez y las estampas no son como las de aquel año. Hoy no se repite la salvajada de aquellos días de octubre, pese a las violaciones contra derechos que se han cometido. Y está claro que midieron mal los tiempos: ejecutar un paro a solo meses de medio-medio salir de la peor catástrofe de nuestra historia es tensar la cuerda donde no corresponde, y es culpar de todo a quien no lo causó. Lasso es un presidente con errores graves, pero resulta demencial pedirle que resuelva en un año lo que la pandemia y los gobiernos anteriores nos quitaron.

Tal vez el presidente sortee este escollo y el país respire, como si hubiera ganado una batalla. Pero no. Perdió. Ya perdimos. Las mermas materiales son nada frente a las certezas que nos va dejando esta nueva cicatriz: primero, que hay un sector vital de nuestro tejido social que exige derechos pisoteando otros y luego sale bien librado, con la venia impune del Estado. Que nuestra clase política está más cerca de los intereses narcos que de los ciudadanos. Que no tenemos academia ni ningún espacio de autoridad moral que levante su voz cuando hay tormentas, que para eso también están. ¿O se creen que pueden formar hombres y mujeres libres escondiendo sus cabezas?

Y, sobre todo, que la ciudadanía crea que un país democrático se construye quejándose por todo y aportando con nada. Porque su preocupación mayor no es salvar la democracia, sino esperar que los supermercados tengan el abasto.

Perdimos.