Todo un misterio

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Todo un misterio

Lo único cierto es que el radar español, que era nuevo y se encontraba en el país (no sabemos dónde), ha sido ‘neutralizado’ en una operación que representa todo un misterio.

Radar. Columna Tania
Llegar al radar en el cerro de Montecristi, a 600 metros sobre el nivel del mar, parecería una misión imposible, en el caso de no ser personal autorizado.Ilustración Miguel Rodríguez

Quisiera creer que al publicarse estas líneas, el misterio del radar haya empezado a revelarse. Que el resultado de las investigaciones encargadas (para empezar, a la Policía) den pistas certeras de lo que ocurrió la madrugada del 7 de noviembre, cuando una explosión dañó el radar colocado solo 12 días atrás en el cerro de Montecristi y que fue inaugurado con bombos y platillos con la esperanza de hacerle frente al narcotráfico.

Si los causantes del daño son directamente los narcos, estamos ante una declaración de guerra contra el Estado ecuatoriano. Si hubo un sabotaje con la participación de uniformados, tendremos que reconocer que la actividad criminal de los traficantes de droga ha permeado las Fuerzas Armadas. No sabría cuál de los dos escenarios es peor.

Lo único cierto es que el radar español, que era nuevo y se encontraba en el país (no sabemos dónde), ha sido ‘neutralizado’ en una operación que representa todo un misterio.

El daño fue localizado en un compartimento del motor, en la parte inferior del aparato. Debajo del sistema eléctrico, en la propia base del radar. Así lo ha dicho el general Luis Hernández, ministro de Defensa, quien dispuso tres investigaciones separadas al informe que ya entregó la Policía Nacional, al haber verificado que no hay vestigios de explosivos en la zona y que la antena del radar está intacta. De esta forma ha quedado prácticamente anulada la teoría de que un dron dejó caer explosivos sobre el radar, fortaleciéndose la tesis de un atentado con participación interna.

Llegar al radar en el cerro de Montecristi, a 600 metros sobre el nivel del mar, parecería una misión imposible, en el caso de no ser personal autorizado. Para empezar, la zona está declarada como área reservada militar de defensa y tiene dos controles de seguridad, donde participan 80 militares. La vía de acceso es de tercer orden y fue hecha hace menos de un mes por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército.

De la seguridad de los equipos que componen el radar, han estado encargadas ocho personas, pertenecientes a la Fuerza Aérea. Estos ocho uniformados son investigados por la Fiscalía, por pedido del ministro de Defensa.

La autoridad ha dicho que el espacio aéreo de Manabí no ha quedado desprotegido, pero es obvio que cualquier actividad de control es mínima por el momento y quién sabe hasta cuándo. Así, en las pistas clandestinas que abundan en la zona, seguirán despegando y aterrizando avionetas encargadas de llevar droga y traer dinero, como ha ocurrido por tantos años.

Por eso es vital en la lucha contra el narcotráfico recuperar la capacidad del radar en el cerro de Montecristi, pero en paralelo hacer un barrido de las llamadas pistas calientes, las pistas clandestinas que existen no solo en Manabí y Santa Elena, sino en toda la costa ecuatoriana.

La Dirección de Aviación Civil reconoció años atrás que existen al menos 2.000 pistas clandestinas, muchas de ellas en medio de propiedades agrícolas y acuícolas, levantadas para facilitar las actividades propias de la producción. No se trata de afectar estas actividades lícitas, de ecuatorianos de bien, pero la DAC debe registrarlas, autorizarlas y cumplir con su mandato. ¿Desde hace cuánto tiempo no realiza un censo? ¿Desde hace cuántos años se desentiende y mira para otro lado?

En menos de dos semanas los narcos consiguieron ‘neutralizar’ el radar de Montecristi. ¿Lo hicieron a través de un atentado? ¿Lo hicieron a través de un sabotaje? Los ecuatorianos tenemos derecho a saber. Y el Ministerio de Defensa, la obligación de responder. Ojalá que este misterio del radar no se entierre como ocurrió en otros casos en que hubo manos militares que manchan la honorabilidad de nuestras Fuerzas Armadas.